Los imbéciles
Estas últimas semanas estuve muy atento a las noticias, fundamentalmente de prensa y de televisión. Debo confesar que hasta vi algunos programas de «análisis» hasta que tuve que abandonar porque el cerebro se me estaba transformando en una gelatina sin sabor.
No sé si fue por eso, pero lo cierto es que me dio por recordar diferentes cosas leídas por ahí sobre ese género de persona llamado «imbécil» que últimamente se ha puesto muy de moda.
Está aquella maravillosa frase que, para nuestra desgracia, olvidamos comúnmente: «Si uno discute con un imbécil, termina diciendo imbecilidades».
Pino Aprile, periodista y escritor italiano, fue más lejos. Escribió un libro llamado «Elogio del imbécil» donde reflexiona sobre el auge de la estupidez humana.
«La inteligencia dice salvó al mundo de su extinción, pero ahora ella se está por extinguir porque ha agotado su función».
El viejo Charles Darwin decía algo así como que los órganos se iban atrofiando o mutando de acuerdo a las nuevas funciones que las necesidades del entorno creaban. La inteligencia está destinada a desaparecer ya que es una facultad provisional y cada vez menos necesaria, por lo tanto es obsoleta.
Además, como dice Aprile, la inteligencia crea problemas, preguntas, cuestiona y se cuestiona.
Yo nunca escuché a un político, ni siquiera en plena campaña electoral, prometer «respetar la inteligencia», darle prioridad.
No estaría mal que probaran hacerlo algún día de estos.
«¿Por qué hay tantos imbéciles en este mundo?», o «por qué si los inteligentes fueron los que construyeron el mundo, los que triunfan en él son los imbéciles?», se pregunta Aprile.
Entre la mediocridad y la imbecilidad no hay ninguna línea divisoria. Una contiene a la otra.
Voltaire, hace un kilo de años, dejó caer una frase que nos ahorra leer las 216 páginas del libro de Aprile puesto que nos aclara todo: «Sólo hay una cosa peor que un mediocre: otro mediocre, pero con poder».
Insistimos: ¡Legalizar la inteligencia ya! *
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