EN EL CORAZON DE LA TEJA, FAMILIAS EMPOBRECIDAS SE MOVILIZAN PARA MEJORAR SU CALIDAD DE VIDA

Cachimba del Piojo quiere vivir

Lucho, Quico y San están preparando el guiso solidario que llevará gente de todas las edades al comedor comunitario. El lema del comedor es «Prohibido pasar hambre».

La mañana fría y húmeda anuncia el rigor del invierno que tanto teme la gente de Cahimba del Piojo. «Aquí la vida de todos los días siempre es dura pero en invierno los problemas se nos acumulan y con la lluvia, el viento, el frío, las inundaciones y las enfermedades esto se convierte en un verdadero infierno», dice Luis, activo militante social.

Ubicada a corta distancia del corazón de La Teja, a unos 500 metros de la plaza Lafone, Cachimba del Piojo es un conjunto de endebles casitas que cada invierno deteriora más. Allí viven unas 60 familias, en su gran mayoría ferozmente castigadas por el desempleo.

Sobrevivir es una hazaña cotidiana en Cachimba del Piojo. Pero su gente no se rinde. Tiene planes para salir adelante y está bregando para ponerlos en práctica. «El futuro depende de nosotros mismos», dicen los vecinos.

 

El duro presente

En invierno Cachimba del Piojo suele ser víctima de devastadoras inundaciones. Las lluvias convierten en pantanos los pasajes de tierra que ofician de calles y empuja hacia las frágiles viviendas un denso río de barro. Esa masa fétida genera fuentes de infección que amenazan sobre todo a la población infantil.

No hace mucho, estalló un caño colector que pasa por la zona y Cachimba del Piojo sufrió las consecuencias. «Fue horrible. Las materias fecales llegaron hasta las casas», recuerda Luis.

Cuando el cercano arroyo Pantanoso se sale de madre vuelca sobre esta comunidad grandes volúmenes de agua podrida repleta de animales muertos, desperdicios de todo tipo y desechos industriales altamente tóxicos.

La ratas también martirizan a Cachimba del Piojo. Invaden viviendas y asedian a las personas. «Son ratas tan grandes que te asustan. Traen enfermedades y ya mordieron a chiquilines», dicen vecinos.

Otro azote es el ejército de cucarachas que silenciosamente allana las casitas. Cuando eso sucede mucha gente contrae infecciones, indica Luis. «En mi casa ya pasó eso», añade.

Todos esos factores de riesgo operan con la complicidad de las carencias alimentarias que desde hace mucho tiempo sufre esta comunidad. Los organismos debilitados por la alimentación insuficiente pierden día tras día la capacidad de oponer resistencia a las enfermedades, que favorecidas por esa situación se multiplican y se agravan.

En este marco, el empeoramiento de las condiciones de vida durante el invierno puede dañar sobre todo a la población infantil. Gran parte de los niños y las niñas ya está pagando un muy duro tributo a la malnutrición, las infecciones respiratorias y las diarreas.

 

El futuro posible

Pero Cachimba del Piojo no se queda en el lamento ni alimenta una esperanza pasiva porque sabe que así nada se logra. Por eso está abriendo sus propios caminos hacia el cambio que anhela. Por ejemplo, con el merendero y comedor comunitario, fruto de la autogestión, está peleando, todos los días y a puro pulmón, para mejorar su calidad de vida.

Desde esa perspectiva, ahora ha elaborado un plan que en el mediano plazo le permitirá contar con viviendas adecuadas y generar paralelamente sus propias fuentes de trabajo.

El primer paso previsto en el plan es lograr la rápida reubicación transitoria de los grupos familiares que pueden correr más riesgos durante los meses de invierno, informa Luis.

«Hay dos lugares cercanos y sin uso donde la Intendencia puede alojar a esas familias. Uno es el ex Frigorífico Castro. El otro, una fábrica que ya no funciona. Los dos ofrecen buenas condiciones para la reubicación. Esto es urgente, porque aquí cada invierno provoca problemas muy graves», explica.

Con esas familias ya alojadas allí, se iniciará inmediatamente la construcción de viviendas adecuadas para toda la gente de Cachimba del Piojo y se pondrá en marcha el acondicionamiento integral de la comunidad, dice Luis.

«Lo que planteamos sobre esto es la creación de una cooperativa de trabajo integrada por la gente que vive aquí. Contamos con personas perfectamente capacitadas para trabajar en eso porque dominan los más diversos oficios y puede hacer todo lo que se necesita hacer», señala.

Esta propuesta incluye a las mujeres de la comunidad. «Para que ellas puedan integrarse al proyecto necesitamos una guardería donde sus hijos sean cuidados y bien atendidos durante el horario de trabajo. Pensamos instalar la guardería en el local del merendero, con los muebles y útiles que aporte la Intendencia», agrega.

A juicio de Luis, este plan permitirá introducir cambios sustanciales en Cachimba del Piojo.

«Para nosotros tiene un gran valor que eso se haga con la participación de la propia gente que vive aquí», destaca.

Esta iniciativa puede restituirle a las familias de la comunidad su capacidad autónoma de forjarse una buena vida, de construirse el futuro al que tienen derecho.

Por eso están dispuestas a hacer todo lo que sea necesario para que la realidad alcance a sus sueños. *

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