Que 30 años no es nada…
Me distraje y se me pasó. El lunes pasado, 20 de junio, se cumplieron 30 años del nacimiento de «Canciones para no dormir la siesta» allá en la tierna y querida sala de El Galpón de Mercedes y Roxlo.
En aquellos tiempos construíamos países de las maravillas con cada canción, con cada juego, con cada guiño cómplice con los espectadores.
Porque en aquellos tiempos que el país de verdad ahuyentaba las sonrisas, espantaba los sueños y las primaveras, una canción, un apretón de manos o una simple mirada podían poner frazadas tibias en los corazones.
Eran fríos aquellos tiempos… muy fríos.
Con «Canciones para no dormir la siesta» descubrimos, para nosotros y para los demás, que el mundo de los niños era mucho más rico en poesía, en ilusiones, alusiones y fundamentalmente en libertad, que el mundo de los mayores… tan real ese mundo, que dolía.
Y construimos, entre todos, ciudades con tres palitos, alimentamos chivitas que hablaban de otros porfiados seres, le dimos ternura a nuestra sombra, jugamos a decir NO hasta animarnos a decir SÃ a muchos sueños negados, y cantamos, siempre y cuando usted tuviera ganas de cantar.
En realidad, para ser sinceros, nosotros no creamos nada, solamente le pusimos música, color y movimiento a los deseos de la gente. A los deseos de ustedes.
Y por eso construimos países de maravilla y cosas más pequeñas que cada uno: niños, padres, madres, abuelos, tías y hermanos, llevaban a sus casas para protegerlas del frío y de la oscuridad.
Y fíjense ustedes, las protegieron tan bien que hoy -30 años después- allí están: sobre la mesa de luz de un cuarto infantil, apretaditas entre las hojas de un libro, en el bolsillo del delantal que va a la escuela, en el susurro de una canción de cuna. Allí están, como recuerdos tiernos y personales que pasan de mano en mano, de generación en generación, de corazón a corazón.
(Este texto es parte del que sale con el disco de «Cantacuentos», que se editará en Julio, homenajeando a «Canciones…»). *
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