¡Liberar la dopamina, ya!
Gracias a una terapia genética se ha logrado convertir en adictos al trabajo a monos que eran holgazanes.
Esto ha sido recibido con gran alegría por gran cantidad de científicos y –sospecho– por la mayoría de los gerentes generales de las multinacionales, así como los de algunos tecnócratas siempre tan solidarios, ellos, con las causas sociales.
Investigadores del Instituto Nacional de Salud Mental de EEUU han realizado el experimento con un conjunto de monos a los que consideraron vagos y por esa razón les bloquearon el gen D2, que se encarga habitualmente de procesar la dopamina.
Veamos el asunto más detalladamente.
Primera cosa: los investigadores decidieron que tales monos eran unos vagos, «enfermedad» que debe ser curada, según ellos.
¿Por qué dijeron que eran vagos, holgazanes? Uno de los neurólogos que capitaneó el experimento nos lo explica claramente: «Al igual que las personas, los monos tienden a no trabajar demasiado si saben que tienen mucho tiempo para hacerlo y trabajan mejor cuando la recompensa está más cerca».
Según la información los monos asumieron una nueva «ética de trabajo», ya no quieren recompensa ni piensan en adecuar el trabajo a sus necesidades de tiempo, ya que eso sería considerado como «desajustes» de la conducta y casi una inmoralidad. Prueba de ello, dicen los humanistas investigadores, es que los monos que son utilizados en laboratorios aprenden a manipular palancas para recibir agua o comida, pero sólo lo hacen cuando sienten que se acerca el momento de la gratificación. Es decir, cuando tienen hambre o sed.
¡Y eso, señores, está muy mal!
El viejo Marx nunca soñó que aquel tema de la plusvalía se resolvería, a favor de los patrones, por medio de un tratamiento genético: bloquear la creación de dopamina, sustancia química del cerebro que, casualmente, es la que produce sensaciones de satisfacción y placer.
¡Muchachos del Instituto Cuesta-Duarte del PIT-CNT, hay que empezar a estudiar genética! *
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