Aprender (¿qué?) jugando
Según una última información el negocio de los videojuegos está dando más plata que el de las películas. Uno puede tender a ponerse contento con esto, si piensa en el cine de Hollywood y sus tópicos sobre el bien y el mal, sobre el amor, el heroísmo y el individualismo y los compara con ciertos juegos que ejercitan el razonamiento y la imaginación.
Pero, amigos míos, la cosa no es tan simple.
«El Guardián de la mazmorra». En este videojuego, el jugador debe construir su propio mundo subterráneo y, como indica el folleto oficial, «en la cámara de tortura puedes disfrutar mostrando a las criaturas rebeldes y héroes, lo equivocado de su conducta. En la cámara de tortura es probable que se arrepientan, o en todo caso, que revelen algo valioso y mueran».
En el videojuego se puede crear una sala de torturas donde extraer todo tipo de información a los supuestos enemigos.
En la propia carátula de presentación de este videojuego se le pide al jugador que alimente y entrene sus criaturas para convertirlas en «leales secuaces». Termina este párrafo diciendo «si fallan [los secuaces], pégales para que se sometan». En el folleto oficial de presentación del videojuego se sigue estimulando la práctica de la tortura: «a estas arpías vestidas de cuero les encanta el dolor. Adoran los gritos de los torturados y también les gusta experimentar ellas mismas un poco de dolor. Créeme, la tortura puede hacer maravillas en la tasa de felicidad de una dama…».
«Army Men: Air Attack». En este videojuego se describen ataques con helicóptero sobre juguetes y se permite que un muñeco de plástico se unte con miel y se le deje caer en un hormiguero.
La publicidad propone: «machaca a los juguetes, hazlos pedazos! ¡No dejes ni uno en pie!»
Hay otro en el que matar mujeres embarazadas y ancianos da más puntos que matar a otra gente.
Probablemente llamen a Cordero o a Gavazzo para actuar en sus avisos publicitarios.
Así está el mundo, amigos. *
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