CAE POPULAR MITO DE MAYOR MORTALIDAD MASCULINA POR AFECCIONES CARDIOVASCULARES

Corazones traicioneros: aumenta muerte de mujeres que supera la de hombres por infarto

La tradición afirma que mamas y ovarios son las áreas de salud femenina a tener más en cuenta a la hora de prevenir. Las cifras revelan sin embargo un cambio progresivo y radical en este conocimiento tradicional. El corazón básicamente, las enfermedades cardiovasculares por extensión, están causando estragos entre las uruguayas, habiendo alcanzado la tercera parte de las muertes entre nuestras compatriotas.

Mientras en 1984 una de cada dos muertes tenía origen cardiovascular en el país en una relación de casi dos hombres por cada mujer, las estadísticas revelan un cambio radical 20 años después. En 2004, el 29,5% de los fallecidos masculinos fue por esta causa, habiendo ascendido al 36% la mortalidad femenina por igual razón.

La ironía peor del asunto es que, según los técnicos de la Comisión Honoraria para la Salud Cardiovascular, en el caso específico de las mujeres, un cambio en el estilo de vida permitiría evitar hasta el 82% de las muertes por razón cardiovascular. El apunte está dirigido fundamentalmente al vicio de fumar: los últimos estudios mundiales revelan que la mujer es hasta seis veces más susceptible a la nicotina y otros tóxicos presentes en los cigarrillos, que los varones.

La convicción tradicional de que los hombres son mayoritariamente víctimas de afecciones cardiovasculares está radicada en una premisa que recién ahora los técnicos detectan: los síntomas en las mujeres se observan hasta 10 años más tarde, empezando generalmente entre los 55 y 60 años, mientras que en los hombres se dan entre los 45 y los 50 años.

Cierto es que las afecciones cardiovasculares disminuyeron algo porcentualmente entre los hombres, mientras aumentaron entre las mujeres, pero ello parece aparejado con una tendencia a disminuir de peso entre los hombres mayores, algo no tan extendido entre las mujeres de mayor edad, así como al llamado síndrome metabólico (colesterol bueno bajo, hipertensión arterial, triglicéridos altos y glucemias elevadas) sin disminución sensible entre las mujeres en los últimos años.

 

Fatiga de riesgo

La inexplicable y permanente fatiga que se adueña del cuerpo de la mujer, ya desde un mes antes de que se produzca un infarto, ha sido el denominador común detectado por los expertos de la Universidad de Arkansas que estudian el asunto. Al igual que en Uruguay, en Estados Unidos los infartos femeninos aumentan, y los masculinos disminuyen.

El estudio realizado con mujeres infartadas reveló también que los dolores habían sido, en lo previo, mucho menos específicos que en los varones. Esa vaguedad sintomatológica había sido en muchos casos interpretada por los médicos como posibilidad de otras patologías, que no de afección vascular.

Casi la mitad de las mujeres que culminaron con infartos, presentaron también intensos dolores de cabeza durante el mes anterior, algo que en los hombres difícilmente ocurre.

Peor aún, el clásico dolor de pecho que refleja el infarto tiene características particularmente diferentes según el género. Mientras en el hombre hay un clásico dolor opresivo, capaz de extenderse a espalda, hombros, cuello y brazos, en las mujeres el dolor fue identificado por ellas mismas como punzante, una especie de ardor, confundible con malestares estomacales e incluso con acidez.

Las mujeres también informaron haber padecido náuseas sin causa aparente en el mes anterior al infarto, algo que en los hombres ha sido reportado excepcionalmente, aunque los dolores abdominales, raros, pueden aparecer en ambos sexos.

Estas diferencias en los síntomas, resultan aún de difícil explicación para la ciencia que apunta básicamente a los cambios en los estilos de vida, que las mujeres fundamentalmente experimentaron en el último medio siglo. El retiro del mundo doméstico y el masivo ingreso al mercado laboral, los cambios radicales en la dieta, y la diseminación del tabaquismo, aumentaron se entiende en principio, los riesgos a que quedaron expuestas las mujeres. En cuanto a la reacción más virulenta, frente a estímulos a que los hombres estaban ya expuestos, resta aún alguna conclusión más definitiva. *

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