LA COLUMNA AMARILLA

Que cada cual atienda su juego

Está bien, la oposición tiene que hacer su juego. Eso está bien y hay que aceptarlo y entenderlo.

Y cuando digo oposición no sólo me refiero a los políticos sino también a aquellos que desde diferentes medios de comunicación se oponen claramente a la política de este gobierno. Y, que quede claro, esto no es un ataque a la libertad de expresión ni al derecho a la información ni cosa por el estilo, es simplemente decir algo que es tan obvio como que uno mismo ha ejercido a conciencia y abiertamente esa oposición.

Quizás la diferencia, en algunos casos, sea lo de «abiertamente». Aquello de la objetividad del periodismo nunca fue fácil de tragar y después de lo de Lanata ya se hace indigesto. Como alguien dijo y muy bien dicho: «Los periodistas independientes ¿son independientes de sus convicciones?».

En fin, que el tema no era especialmente este pero por ahí anda.

Todo esto es parte del juego.

Claro que todo juego tiene reglas, algunas de ellas no escritas, y en estos últimos tiempos hemos visto cómo ciertas reglas que tienen que ver con la responsabilidad de darle a la ciudadanía elementos genuinos y clarificadores para que ella por sí misma elabore sus criterios se han estirado de tal manera que están a punto de romperse o, lo que es peor, de legitimarse como reglas válidas. Últimamente se han manejado ideas, criterios y argumentos que apuntan a las zonas más oscuras de nuestro pensamiento, a aquellas que nos llevan a pensar por axiomas irracionales, por «sentimientos» manipulables que evitan el pensamiento crítico. (Pienso en el tema cárceles y Pereira Rossell).

Esta columna daría para más pero se me acaba el espacio, queda una pregunta: ¿qué hacer con este estilo opositor?

Lo primero que se me ocurre es, no desconocerlo. Y si así vamos a tener que jugar, pues bien, no seamos inocentes, que nuestro discurso vaya por otro lado, por el lado de la luz y de la construcción de ciudadanía. Es decir, el de la verdadera información y el de los argumentos que hacen pensar.

No hay otro camino. *

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