Una treintena de vecinos califica los espectáculos públicos de todo el país

De los 54 vecinos que, honorariamente, centralizaban en Montevideo la actividad de «calificadores de espectáculos públicos», se pasó en la actualidad a 35. Pero el cambio está en la descentralización que permitirá a cada jefatura departamental del INAU, tener su propio grupo asesor, emitiendo criterios particulares para cada comuna.

Aunque continúa sin existir una «línea oficial» acerca de la calificación de un espectáculo, prima la idea del Estado que la valía de los convocados, les permite adoptar decisiones calificatorias que defienden aspectos válidos para la sociedad. Los miembros de la hasta ahora comisión nacional, y en más departamentales, provienen de todo los estratos de la sociedad, con una sola condición común: son honorarios.

Los calificadores descartan de plano su estereotipo de censores. Entienden que su tarea es atender el contenido y su potencial influencia en la mente de los más jóvenes, que no «cortar» películas. Tampoco el inconsciente popular se equivoca: durante toda la dictadura, en el primer piso del entonces Consejo del Niño, se guardaron los fragmentos de película cortados por la censura. Ese archivo «del sexo» (ya que la violencia raramente era censurada, aunque si lo era más de un beso apasionado) tuvo irónico final. Devenido Iname, el Instituto comenzó a archivar en el mismo piso, un subproducto de tiempos más modernos: los pegamentos que secuestraban a menores. La cohabitación del celuloide y el pegamento, constituía un potencial campo de incendio, alertaron los Bomberos.

Al archivo «de moral» de la dictadura, se lo terminó llevando el basurero. *

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