El proyecto Caqueiro rompe las fronteras de la marginación en Rivera
-El proyecto del que forman parte está próximo a cumplir sus tres años, ¿qué evaluación hacen del mismo?
–Pensamos que es buena. Hay una respuesta linda. Estamos atendiendo a 280 chicas y chicos, de entre 8 y 25 años. La gente común, el vecino valora la propuesta, ha depositado la confianza en el proyecto. Nosotros hemos colaborado en el mensaje. Hay unos bonos en los comercios donde se anota a qué proyecto se desea favorecer, y hemos salido dos veces favorecidos. La gente tiene en la cabeza a Caqueiro. La propuesta está apareciendo mucho más integrada a la comunidad. Hemos ido dando pasos sin apurar, sin atropellar, integrándonos con otras gentes, otras comunidades, aún con la gente y con los jóvenes de Livramento. El año pasado se hicieron encuentros juntos por el tema laboral donde la Intendencia siempre ha estado dispuesta a ayudarnos, al igual que empresas, como las forestadoras. Creemos que no tenemos más porque no hemos hecho una propaganda más agresiva, pienso que como vamos llevando las cosas está bien. Todo trabajo que uno desea que sea bueno, lleva su proceso.
–¿Cuál es la participación de la congregación salesiana y cómo se forja la tarea cotidiana en el proyecto?
–Nosotros como congregación hemos asumido desde la parroquia la propuesta, y yo (Mateo) estoy trabajando como parte de la congregación.
De mañana la tarea es con adolescentes hasta los 17 años. La tarde es para los niños y algunos adolescentes que vienen por el apoyo pedagógico que brindamos, y la nochecita es para los mayores de 18 años. Y cada uno de esos sectores tiene un grupo de personas que trabaja con ellos.
El trabajo con los chiquilines de la huerta quizás es en donde estamos acentuando bastante porque es una población adolescente. Y el adolescente adolece de todo, o de casi todo. Entonces tratamos de ser muy tolerantes en ese período de adolescente que están pasando, pero también poner límites. Hay una maestra en la mañana que acompaña el apoyo pedagógico tanto para liceales como para escolares. Para los chiquilines de la huerta hemos ido incluyendo otras cosas. Ellos han retomado el tema de la escritura y la lectura a través de lo que plantan y de lo que cosechan utilizando las fichas.
–¿Hay inserción en el mercado laboral de los chiquilines que están en el proyecto?
—Sí, hay una participación en los comercios y los free shopp.
Nosotros hemos proporcionado a la Asociación de Industriales de Rivera y de los free shopp un informe periódico de cómo van los gurises. No se trata de pedir solo, sino de rendir cuentas, que eso es fundamental.
Se hace un seguimiento de los estudios. Pero también hacemos un seguimiento a otra parte de su vida, como puede ser el tema de la familia, el barrio, las responsabilidades y el hábito a cumplir con la tarea. Eso le ayuda también y a cumplir con otras cosas de la vida. No es que queramos que todos trabajen en la tierra, pero sí es bueno que la mayoría pase por la experiencia de la tierra y con la experiencia de la responsabilidad. Entonces se le pide puntualidad en el comienzo de la mañana, responsabilidad en el trabajo que se hace. Es decir, si plantamos lechuga, salir a venderla casa por casa o si no la gente viene a comprar. Eso también es un incentivo para ellos. Y económicamente se les da semanalmente un incentivo por haber participado en la propuesta. Que no intenta ser pago, ni salario, sino eso, un incentivo. Nosotros cada vez más estamos convencidos de que tanto el niño como el adolescente o el joven necesitan un incentivo. Que no siempre es económico, Hay otras cosas que también funcionan como incentivo, como lo es un buen ambiente, un buen trato, conocerlos. Valorar las cosas que van haciendo, que van logrando para su vida. Hacerles ver las cosas buenas también, porque en general solemos ser muy propensos a marcar solamente lo negativo. y no hacerles ver los logros. Hay gente que ha hecho procesos muy buenos en cuanto a descubrir otra manera de vivir. Quizás no es ya tanto la esquina, sino que hay otras cosas en su vida. Ya no es el alcohol o el consumo de alguna droga, sino otro tipo de cosas que forman parte de su vida, de su universo, de darse cuenta que tienen cualidades, entonces le ayudas a recuperar su autoestima.
–Padre Mateo, ¿hay algún plazo para la concreción del proyecto? Está el ejemplo de Tacurú, que cristalizó, se concretó y como que ya llegó a un techo, ¿puede pasar lo mismo con Caqueiro?
–No, porque hay una diferencia que es bastante importante para nosotros. Lo que tenemos claro es que no contratamos para dar trabajo, porque a la larga te transformás en una empresa más. Eso es algo que hemos evaluado en el proyecto. Tal es así que han aparecido algunas ofertas para que asumamos unos contratos laborales y nosotros lo que tenemos claro es, no asumimos trabajadores, pero sí capacitamos para el mundo del trabajo.
Entonces si una empresa forestal dice nosotros tenemos un proyecto para que vengan a podar árboles en Tranquera, nosotros preparamos a los muchachos y se lo entregamos a la empresa contratista para que ellos trabajen. Lo que nosotros hacemos es el acompañamiento educativo. Porque hay un antes, un durante y un después. El antes es la capacitación, el durante el proceso del trabajo y el después del trabajo, son esos días de los fines de semana donde se evalúa y se ve si tienen aptitudes para otro oficio que no sea solamente la forestación. . El techo no lo vamos a tener nunca porque siempre va a estar eso, llegando, capacitándose y yéndose. Hemos pensado en cuánta gente podemos abarcar en la propuesta. Lo que tenemos claro es que no tenemos todas las respuestas. Se asume juntos el compromiso y el proceso también.
El techo vendría por la cantidad de muchachos que asumimos para la capacitación. Hay una diferencia de lo que hemos hecho con la propuesta de Tacurú. Lo que nosotros hoy no nos queremos identificar es con una empresa de colocaciones, porque aun no queriendo serlo, a la larga se termina haciendo eso. *
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