Los alimentos y el agua comienzan a tener el plusvalor de la Mona Lisa

Pan y tortas

«Locos son aquellos que haciendo siempre lo mismo pretenden obtener resultados diferentes». (Einstein)

Hoy debemos agregar algo ineludible: la renta «nueva» producida por los «contratos de suministro a largo plazo».

Algo «nuevo» que YA ESTA SUCEDIENDO en nuestro país y en el mundo. Y que sucederá cada vez con más volumen e importancia.

Hay cuatro crisis que asuelan el planeta: la energética, la demográfica, la alimentaria y la del agua que abarca la de riego (agua «bruta»), pero también y especialmente la potable de fácil acceso y buena calidad.

Las consecuencias de esas cuatro calamidades son varias y peligrosas. Las más horribles están hoy referidas a la energía expresándose en guerras y peleas del más diverso tipo (entre ellas la boliviana de estos días).

China dispone hoy de seiscientos mil millones de dólares en sus reservas, pero es la segunda en esa materia: el primer país es Japón que a su vez es el principal ACREEDOR mundial. Sin embargo, ese increíble país tan rico tiene 127 millones de habitantes en apenas 378.000 quilómetros cuadrados de los que sólo 50.000 (un 13%) son cultivables: el resto es montañoso (forestado en gran parte).

Con esos cincuenta mil quilómetros arables más la riqueza que extrae del mar Japón debe darle de comer a tantísima gente que además goza hoy de alto poder adquisitivo.

Un país del doble de territorio que Uruguay, donde vive la «población uruguaya» multiplicada por cuarenta, le debe dar de comer a su gente con la cuarta parte del territorio uruguayo.

Los datos finales son peores: la verdad completa es que con esa tierra labrantía alcanzan a satisfacer las necesidades alimentarias de poco más de un tercio de la población. El resto lo deben importar. Dinero para eso tienen.

El gravísimo problema HOY es que tal vez ya no se pueda hacer lo mismo NI AUN CON MUCHO DINERO. Y en el futuro previsible menos.

Y cuando eso pasa, amenaza pasar o arriesga pasar en cualquier país del mundo la cosa deja de ser económica, financiera, agrícola y civil pasando al rubro MILITAR

Se transforma obviamente en problema de seguridad y defensa nacional.

Hemos puesto UN ejemplo (tal vez de los más elocuentes) de MUCHOS que podríamos traer.

No estamos hablando de países pobres de solemnidad en los que la televisión muestra cómo la gente se muere de hambre o los genocidios por agua y comida.

Estamos hablando de países con mucho poder en las manos.

Hace TRES años China se ha convertido en importador neto de alimentos… El dato en Japón es preocupante aunque previsto. En realidad es preocupante, o debiera serlo, en todo el planeta.

China y otros países, entre ellos India, buscan para ese y otros suministros (materias primas) CONTRATOS DE VEINTE AÑOS O MAS estando en esos casos dispuestos a pagar un «plus».

Un sobreprecio por la exclusividad y el plazo.

Esos contratos se están poniendo «de moda». Así lo mandatan los resultados del análisis de estrategia nacional en muchos países. El «mercado» adquiere componentes estratégicos o de largo plazo. Y, lamentablemente por ahora, ribetes de «sálvese quien pueda».

Porque cuando lo que hay es una crisis por escasez presente o prevista, los alimentos y el agua comienzan a tener el plusvalor de la Mona Lisa, como pasa con el petróleo y el gas.

Como en los cuadros famosos, no se paga solamente el valor de la tela y el de la pintura gastada: se paga la «rareza», la exclusividad, la escasez del producto…

Cuando lo que falta o puede llegar a faltar es el pan, por el pan se comienza a pagar no solo su precio sino también el valor de suministro exclusivo y garantizado a largo plazo.

En nuestro país eso ya está pasando. Por poner un solo ejemplo: con la madera.

Porque cuando grandes empresas mundiales compraron o arrendaron enormes tramos de nuestro territorio para implantar árboles con subsidios que pagamos entre todos (y hasta sin pagar Contribución Inmobiliaria), se garantizaron el suministro a largo plazo de una materia prima imprescindible para ellas.

Japón, por seguir con ese ejemplo, ya compró a su vez alguna de esas empresas o mejor dicho su producto. El PRODUCTO futuro de los bosques uruguayos.

El plusvalor en esos casos, incluso con intermediaciones de diverso tipo, se va también con la madera. Una parte casi seguramente mínima quedará en manos de cada dueño de campo. En el mejor de los casos.

A nadie escapa el cúmulo de consecuencias para Uruguay.

Porque no se trata de una cosecha producida en seis meses o en un año y vendida en el mercado. Más bien se emparienta lejanamente con aquellas extensas plantaciones de remolacha o de caña para la industria azucarera vigentes mientras ciertas leyes lo permitieron y destruidas cuando otras leyes lo impidieron.

Con las consecuencias agrícolas, sociales, culturales y poblacionales que por desgracia sufrimos.

Pues bien: por esas y otras razones parece claro que ese tipo de contratos de suministro a largo plazo no debe hacerse sin autorización pública y sin renta nacional desde que solo el aval de cualquier Estado, en el caso de permitirlos, puede garantizar el fiel cumplimiento durante tanto tiempo de lo que por esos contratos se establezca. Y porque ello tiene mucho que ver con la soberanía, la defensa y la seguridad nacional. Con el presente y con el futuro del país y de su gente.

Al fin de cuentas los grandes espacios económicos creados, creándose o que pugnan por crearse, son eso mismo pero a escala más vasta y compleja.

En su caso por lo menos tienen la virtud de que las poblaciones participan más o menos del debate histórico.

Hace unas horas los franceses y los holandeses discutían y decidían eso cuando votaban por sí o por no la Constitución Europea (un gran tratado comercial a largo plazo). Y la ventaja, o no, de disfrutar la «renta» que un acuerdo de esa envergadura produce ante otros espacios o ante otros países.

Es obvio que América del Sur, por ejemplo, dispone de una «renta» virtual no realizada debido a su «balcanización».

Pero lo peor de todo es que esos acuerdos se hagan de hecho. Hechos consumados a espalda de los pueblos y hasta de los gobiernos. Y que lo hagan así en nuestro territorio, o bien otros pueblos, o bien otros gobiernos sin que nos demos por aludidos.

El colmo es que lo hagan simplemente algunas empresas de tamaño mundial…

Que mientras discutimos si el ALCA o si el MERCOSUR, nuestro destino y el de nuestros nietos sea decidido en las discretas reuniones del lejano Directorio de tal o cual Sociedad Anónima. Que no suelen perder el tiempo.

Es por eso que urgentemente debe quedar estampado en algún lado, de ser posible en la Constitución, que ese tipo de acuerdos, largos en años y largos en territorio y consecuencias, deben forzosamente ser discutidos y autorizados (o no) por el pueblo, el Parlamento y el Gobierno para que lleguen a tener vigencia. Y que la «renta», ese «plusvalor», también deberá ser repartida entre los uruguayos y uruguayas directamente, sin distinciones de clase alguna, y por el sólo hecho de serlo.

De no hacerlo, esto va a suceder forzosamente pero del peor modo posible. Como ya está sucediendo.

Y así con los ojos abiertos, nos quedaremos sin el pan y sin las tortas. Los nietos también. *

(*) Senador de la República

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