Renunciará en julio al cumplir 75 años el obispo de Salto, monseñor Daniel Gil Zorrilla

El titular de la Diócesis de Salto, circunscripción episcopal que abarca también los departamentos de Paysandú, Artigas y Río Negro, monseñor Daniel Gil Zorrilla, renunciará a su responsabilidad administrativa del obispado al cumplir 75 años de edad en el mes de julio. En dicha oportunidad presentará en la Nunciatura Apostólica del Uruguay la dimisión al cargo, de acuerdo con las reformas introducidas en el Concilio Vaticano II. Se estima que lo sucederá el actual obispo coadjutor, monseñor Heriberto Bodeant.

El dignatario católico aseguró a los medios locales: «Les voy a aclarar que no tengo ningún apuro en que me acepten la renuncia de inmediato, porque me siento bien, estoy a gusto y en buenas condiciones de seguir conduciendo la Diócesis un tiempo más, especialmente ahora que he logrado conocer palmo a palmo las comunidades eclesiales de nuestra región litoral».

Monseñor Gil Zorrilla asumió como obispo en junio de 1989, sucediendo a monseñor Marcelo Mendiharat, quien había cumplido 75 años por esa fecha y quien actualmente, con 90 años, en carácter de obispo emérito, funge su ministerio en la Parroquia de la Santa Cruz, en un barrio de Salto. El cambio de monseñor Mendiharat por monseñor Daniel Gil significó la asunción de un dignatario marcadamente conservador, a diferencia de su antecesor ,quien había sido duramente perseguido por la dictadura militar, debiendo exiliarse en Argentina.

 

El nuevo Papa: «Un rayo de vivo»

Al referirse al nuevo sucesor de Pedro, monseñor Gil resaltó que su gestión será «la continuación de Juan Pablo II», y dijo que en las oportunidades en que se entrevistó en Roma con el actual Benedicto XVI, cuando era cardenal, lo que «a mí me impresionó fue su humildad. Pero también es un rayo de vivo; es muy inteligente. Lo más interesante es que no se va por las ramas; no elude los problemas. Los asume, los analiza y compromete una respuesta. Nunca usó su inteligencia para gambetear la pregunta, o para responder algo en el aire, para no quedar mal».

«Siempre -agregó el obispo salteño- fue derecho al grano de lo que le preguntamos. La dificultad está acá, nos dijo en cada caso. Y efectivamente, ahí estaba. Eso facilitaba después la búsqueda de soluciones. A veces agregaba una dosis de buen humor, salpicando con una broma la respuesta a un problema complicado. En resumen, tenemos una óptima impresión del nuevo Papa. Yo, personalmente, estoy muy contento porque es un hombre de una gran personalidad; de una trayectoria extraordinaria dentro de la Iglesia de Alemania y durante el Concilio Vaticano II. Además lleva muchos años en la tarea interna del Vaticano, así que sabe cómo se manejan las cosas. Por otra parte, estuvo muy cerca de Juan Pablo II; lo acompañó mucho y ha visto las dificultades y las oportunidades que puede tener un Papa para incidir en determinadas situaciones. Dispone de una gran experiencia y un cúmulo de información de primera mano, que le va a facilitar la toma de decisiones». *

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