De los vampiros
Personajes populares: los masticacerebros.
Esos que se te sientan al lado en el bondi y empiezan a alabarte una excesiva cantidad de cosas que vos hiciste para luego pasar a «explicarte» otro montón de cosas que, según ellos, hiciste mal y, lo que es mucho peor, culminan diciéndote, «por tu bien», lo que tendrías que hacer.
Esos «técnicos en vidas ajenas» que suelen hablar sin mirarte a los ojos, ya que entrecierran los de ellos y levantan un poco la cabeza hacia el cielo gozando de escuchar su propia voz.
Si lográs meter una, ¡ni se te ocurra contradecirlos o comparar un supuesto error de tu vida con otro de la vida de ellos! ¡Já! Ahí suben un poco más, todavía, el volumen de su voz y ajustan la ecualización en los agudos y arrancan con aquello de «Pero no podés comparar, yo no tuve ninguna opción» o «Ese es tu problema, para vos – los demás – siempre están equivocados» o, lo que es el mayor absurdo en esa situación, «Siempre fuiste igual, no escuchás a nadie.
Te creés que sabés todo y no sabés un carajo. Si no mirate. Mirate». Y uno como un gil, ya dominado, con el cerebro masticado por el «especialista»…se mira y se ve como una piltrafa humana, siente que ha pasado por la vida como un calcetín mojado.
Y sin saber cómo, te descubrís dándole la razón al «chupavida» profesional que se sentó a tu lado. Y ahí, luego de hacerte repetir que él tenía razón, descubre que ya llegó a su parada.
«Chau, loco… me bajo. Me alegro mucho de haberte visto. Vamos a ver si nos encontramos para tomar un café. Y, vó loco, ¡vamo arriba, eh, vamo arriba!» Y se baja, lleno de vida, de tu vida.
Porque estos vampiros se dedican a eso, a sorberte la vida, la energía. Y vos quedás mirando por la ventanilla pensando que por suerte no tenés a mano un revólver, un cuchillo o una cuerda como para suicidarte.
¿Miento? Si vos conocés gente así, mandale esta columna.
Y después, clavale una estaca en el corazón. *
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