De cómo en Soriano se olvidaron del robo de 9 valiosos cuadros del museo
* Hace pocos días el gobierno anunció que realizará un inventario sobre las obras de arte que se encuentran en museos de todo el país. Los posibles robos y deterioros fueron el puntapié inicial para tomar esta iniciativa. Cuadros, alhajas y objetos de valor histórico serán observados bajo la lupa del actual gobierno.
El robo de obras de arte, sin dudas que es un negocio redituable, y en Soriano a la luz de los hechos, un delito impune. Hace algunas semanas un cuadro de Juan Manuel Blanes fue robado en Salto, sin que por el momento se tenga noticias de su paradero. Un hecho similar fue descubierto en Soriano hace diez años, aunque, pese a las investigaciones realizadas, su pista se esfumó sin dejar rastro.
En Soriano, hace 10 años, se denunciaba la desaparición de nueve cuadros de la Biblioteca Museo Eusebio Giménez. Un hecho que si bien correspondía a 1991 hasta ese momento no había sido considerado públicamente.
Como se recordará, en mayo de 1995, la Justicia de Montevideo procesó a dos individuos por el robo de dos pinturas, un Vlaminck y un Ultrillo, desde el Museo Juan Manuel Blanes. Los ladrones habían logrado llevar las obras a Londres donde iban a ser subastadas. Este sonado caso, rápidamente aclarado, instaló la discusión del robo de obras de arte, sirviendo también para que en Soriano la Comisión de Cultura de la Junta Departamental instara a realizar un relevamiento urgente de las obras y objetos de arte de la pinacoteca del Museo Eusebio Giménez, de Mercedes. Convocando a la entonces directora de Cultura quien admitió el faltante de nueve pinturas de dicho museo, expresando que en 1991 se había hecho una denuncia policial al respecto.
Falencias
El 10 de setiembre de 1991, la policía recibió la denuncia de la faltante de nueve cuadros del Museo Eusebio Giménez. Tras realizarse un inventario, pudo comprobarse que de la pinacoteca de dicho museo faltaban las obras «Desnudo» de Pedro Blanes Viale, «Paisaje» de Zoma Baitler, «Anciano con guitarra» de Miguel Palleja, «Retrato» de Raquel Barbagelata, «La venta de pájaros» de J. Ferrer, «Caricatura» de Fernando Berreta, dos obras sin título, una de autor anónimo, y otra de firma ilegible, y «Figura femenina» en yeso de Alberto Salvo, siendo avaluados en cifras que van de los 20 a los 1.500 dólares. Pero lejos de lo que pudiera suponerse, el hecho no cobró estado público hasta 1995, cuando el robo del Museo Blanes, en Montevideo, puso en la discusión nacional el tema del hurto y tráfico de obras de arte.
En mayo de 1995 la Comisión de Cultura de la Junta Departamental citó a la entonces directora de Cultura de la Intendencia, profesora Yolanda Alvarez, quien agregó pocos elementos a los ya escasos sobre la desaparición de los nueve cuadros, reflejando también las falencias de las infraestructuras municipales para la exhibición y custodia de obras de arte.
Conspiraciones varias
En el caso del robo del cuadro de Juan Manuel Blanes del Museo de Salto, el o los ladrones, abandonaron el pesado marco para huir simplemente con la tela. Pero en el, o los robos sufridos por el Museo Giménez de Mercedes, las obras desaparecieron con marco y todo, incluso una de ellas con su vidrio, por lo que se presumía que el o los ladrones hubieran salido por la misma puerta principal. Nunca pudo determinarse si las nueve obras fueron robadas de una vez o en varios intentos, pero lo curioso, para los investigadores fue cuando se encontraron, semioculta en el depósito de la pinacoteca, con una réplica, según se nos dijo «una copia tonta», presumiblemente con la intención de canjearla por el original.
Desapariciones
En agosto de 2003 informábamos que la Junta Departamental de Soriano había decidido el archivo de la investigación de otro robo al acervo histórico, tras 10 años de infructuosas indagatorias, como lo fue nada menos que la desaparición del portón de hierro forjado del edificio de la Aduana de Villa Soriano. El hecho aunque curioso, refleja también el desprecio hacia el acervo cultural de nuestras ciudades. Dicho portón, de importantes dimensiones, fue trasladado hasta los talleres municipales, en Mercedes, para su reparación, y misteriosamente desapareció, también sin dejar rastros. Un portón de importantes dimensiones, del siglo XIX, de hierro forjado, que se esfumó sin que se ubicaran sus responsables. Un hecho ocurrido dos años después del robo de los cuadros del Museo de Mercedes. Era el año 1993, también dentro de la administración del intendente Holf Caresani, y 10 años después, en el 2003, tras pasar por tres administraciones departamentales, la Junta Departamental de Soriano archivó el caso porque «se hace imposible determinar hoy las responsabilidades que no se pudieron hacer cuando se realizaron los procedimientos».
Mientras tanto en la Biblioteca Museo Eusebio Giménez, un número importante de obras de arte continúan exhibiéndose, y en el peor de los casos, amontonándose en sus depósitos. Obras, algunas de ellas de reconocidas y connotadas firmas de plásticos nacionales, como Barradas, Carlos Federico Sáez, o Figari, entre muchos. Apenas custodiadas por débiles puertas de fácil acceso y un solitario sereno que todas las noches abre su silla playera y ve pasar los autos, sentado de espaldas a la puerta de acceso al museo. *
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