MAS QUE 33, NO TODOS ORIENTALES, NI TAMPOCO EN LA AGRACIADA

19 de Abril: cuando renació el espíritu del Artiguismo

«Fue el día en que la independencia nacional puso su pie con firmeza en esta tierra», afirmó Manuel Blanes, al presentar el cuadro, a partir del que todos los uruguayos idealizamos la mañana del 19 de Abril.

«Fue uno de los hitos, como el Grito de Asencio, y lo vital fue que recuperaron el concepto del artiguismo, en otro contexto histórico», dice el historiador Tabaré Melogno, en referencia a la fecha.

«En la perspectiva histórica el hecho de que fueran hasta 37 quienes desembarcan en lugar de 33 carece de importancia, ante la magnitud de las consecuencias que tendrá ese desembarco», apunta.

Ciertamente el número 33 tampoco es una casualidad: la mayoría de los historiadores contemporáneos se inclina a considerarlo un número cabalístico de importancia dentro del esquema en que se movía buena parte de los patriotas. La masonería era una logia de importancia capital por aquellos días, y buena parte de los patriotas adhería a la misma. Incluso en Argentina, los conjurados en el plan de recuperación de la Banda Oriental eran bautizados como los «33», más allá de otra identificación.

Ciertamente no es el único detalle histórico. Después de todo, la misma playa donde desembarcaron el 19 de Abril, adecuó su nombre acorde a la magnitud del acontecimiento. Originariamente conocida como playa «de la graseada», debido casi con seguridad a las vaquerías cercanas que allí arrojaban los despojos del desuelle, la historia la convirtió en playa «de la Agraciada», de indudable mejor connotación.

Los desembarcados, como coinciden los estudiosos, tampoco eran en su totalidad orientales, aunque resulta confuso determinar con exactitud cuántos eran argentinos.

La consigna fue respetada por la tradición, más incluso que la bandera tricolor, cuyo destino final ameritaba mejor sino.

 

La luz del tiempo

Dos meses después, el Gobierno Provisorio de la Banda Oriental nombra a Lavalleja Brigadier General y Comandante en Jefe del Ejército de la Provincia Oriental. Ratificado por la Sala de Representantes de la provincia, se reconciliará con Rivera en el célebre «Abrazo de Monzón», para derrotar a los brasileños en Rincón, Sarandí e Ituzaingó sucesivamente, precipitando el tratado de paz con el Imperio del Brasil, que dará nacimiento a la República Oriental del Uruguay.

«En el desembarco del 19 de Abril, los patriotas recogieron la herencia de la lucha artiguista, como lo afirman ya en la proclama, algo que ahora parecería lógico, pero no era tan así en ese contexto donde la idea de federalismo, de provincias unidas, parecía haber desaparecido. Hay algo de quijotesco en estos personajes que ante el poder extraño que se había apoderado de estas tierras», apunta Melogno.

 

Sino de líder

Lavalleja, a pesar de su acumulación de poder no logrará ser electo presidente por la Asamblea General Legislativa, en la que solamente obtendrá 5 votos, contra 27 para Rivera. Lavalleja considerará esta decisión una injusta derrota ante un otrora subordinado, a quien considera con muchos menos méritos que él mismo. Los intentos de sublevación posteriores contra el gobierno de don Fructuoso, lejos están de ser especulaciones, a la luz de la evolución histórica. Primaría no obstante la conservación del orden institucional, aunque algunos estudiosos recuerdan que la Convención Preliminar de Paz, establecía la posibilidad de intervención (un eufemismo para invasión), ante cualquier ataque al gobierno establecido.

La destitución en 1831 por parte de Rivera, del coronel Garzón, hombre de confianza de Lavalleja, como Jefe del Estado Mayor, acarreará la sublevación más encarnizada. Un año después Lavalleja intentará desde Brasil, con apoyo del caudillo Bentos Gonçálvez, quien acariciaba el proyecto de reunir el estado de Río Grande del Sur con la Banda Oriental en una «República de Piratiní», conquistar el poder. Fracasa en aquella y en dos oportunidades más, una desde Argentina, otra desde Brasil, adonde debe finalmente retirarse.

Durante el gobierno de Oribe, Lavalleja recuperará honores y bienes, pero con la renuncia del segundo presidente constitucional, volverá a Argentina, desde donde reanudará su lucha contra los ahora «colorados». Luego vendrá la Guerra Grande.

Morirá repentinamente, el 22 de octubre de 1853, en su despacho del Fuerte de Montevideo. Nada opacó de allí en más la imagen alcanzada aquella mañana del 19 de Abril.

Manuel Blanes, al presentar en 1878, el cuadro que representa el Juramento de los Treinta y Tres Orientales, al público afirma, «no puedo deducir que el artista sea capaz de separarse libremente de la sociedad que lo estimula y alimenta para servir con el arte fantasías que entretienen y dan placer, en lugar de hacer idealizaciones de nosotros mismos y manifestaciones que robustezcan la justicia, la verdadera ciencia y nuestro progreso». *

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