La ONU y los derechos humanos
Louise Arbour, Alta Comisionada para Derechos Humanos, denunció también que «hasta ahora, no hemos logrado cumplir la misión de aplicar los derechos humanos», lo que remachó al expresar su preocupación por algunas «interpretaciones sin precedentes» que ahora se aplican al derecho de no ser sometido a torturas, como un exponente del fracaso de la ONU en el territorio de los derechos humanos. Ambos funcionarios expresaron de forma inequívoca la necesidad de reformar la Comisión de Derechos Humanos. Y es que llueve sobre mojado en esa Comisión -esencial para el desempeño de la misión de la ONU- que con el paso de los años se ha convertido no sólo en un ente ineficaz sino en la caricatura de lo que debiera haber sido.
La Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas está integrada por 53 países, elegidos por la Asamblea General. De la evolución de dicha Comisión es buena muestra que formen parte de ella países poco respetuosos de derechos humanos como Rusia, Sudán, Zimbaue o Libia.
Kofi Annan denunció que la Comisión de Derechos Humanos ha sido incapaz de hacer frente a la gravísima situación de abusos y violaciones de derechos humanos en Darfur, Sudán, como también lo fue ante el genocidio de Rwanda hace una década. En el caso de Darfur, cuando se conocieron los graves hechos acaecidos en esa región sudanesa, la Comisión se limitó a votar una resolución expresando su preocupación por las violaciones de derechos humanos, pero ni se planteó condenar a Sudán por su responsabilidad clara en la situación. Kofi Annan se refirió a Darfur y Rwanda, calificándolos como un «fracaso colectivo en la protección de cientos de miles, de millones, de personas».
Cabría mitificar, elevar a condición de mito, los derechos humanos, como algo lejano, tal vez allá en los cielos. Pero hablamos de los derechos indiscutibles, inalienables, de los seres vivos que pertenecen a la especie humana. Hablar de derechos humanos es hablar del respeto absoluto por la vida de todos y cada uno de los miles de millones de seres humanos del planeta. Es hablar de que no se lesione ni se hiera, torture, humille o veje a ningún ser humano. Es hablar de que no se detenga ni retenga a nadie sin todas las garantías que hemos ido construyendo en los últimos dos siglos, ni se le juzgue sin esas garantías, ni se le condene -si es el caso- sin esas garantías. Y un largo etcétera hasta treinta artículos de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que es el único legado indiscutible que hay en la Tierra. Hablamos de derechos de las personas concretas, que no es nada etéreo.
El secretario general de la ONU pide ahora «una clara reforma de la defensa de los derechos humanos de Naciones Unidas» en el marco de la reformas de la ONU, que ha planteado recientemente. Annan ha dejado claro que «la era de las declaraciones ha pasado y ahora es el momento de tomar medidas concretas».
Para la reforma de Naciones Unidas en la defensa de los derechos humanos, Annan ha solicitado una Comisión más limpia, con mayor autoridad moral y con más poder. En realidad, ha pedido que la actual Comisión sea sustituida por un Consejo de Derechos Humanos formado por los países implicados en la defensa de esos derechos, elegido por dos tercios de la Asamblea General para afianzar su legitimidad y que tenga el mismo rango y poder que el Consejo de Seguridad.
¿Habrá 129 países -dos tercios- dispuestos a ponerse de acuerdo y elegir un Consejo de Derechos Humanos con autoridad y poder suficiente para poder intervenir en cualquier crisis o problema de derechos humanos del mundo?
A pesar de la evidente dificultad de llevar la clara propuesta de Kofi Annan a buen puerto, a pesar de la presumible oposición de los países violadores de derechos humanos -que no son pocos ni están todos en el Sur- , es imprescindible, imperativo, que se reforme a fondo la estructura de defensa de los derechos humanos de la ONU. De hecho, todo el crédito de la organización internacional depende de eso, como ha reconocido el propio Annan: «A menos que rehagamos nuestra maquinaria de derechos humanos, no podremos renovar la confianza pública en las Naciones Unidas».
O se renueva la defensa de los derechos humanos de la ONU, en el sentido indicado por Kofi Annan, o la reforma de Naciones Unidas no será más que agua de borrajas. *
(*) La Insignia. (CCS. España,)
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