Aguante Gustavo
Pobre Gustavo, lo borraron de Zona Urbana, de Búsqueda, de Radio Sarandí y parece que en Insomnia va a aparecer porque los programas están grabados, si no, también volaba de allí.
Al simpático gordito periodista ahora todos le quieren pegar en el suelo.
El, tan suelto de lengua que era, se ha quedado calladito y no quiere hacer declaraciones. Yo lo comprendo, pobre, debe estar demudado con la falta de apoyo que ha recibido de toda la gente de la cual él se ocupó con sus gráciles y edificantes alusiones.
¡Desagradecidos! ¡Qué más quieren, les dio aquellos famosos 15 minutos de fama!
Mala fama, dirán algunos, pero esos son criterios.
Al desgraciado de Gustavo le caen como buitres encima por una de esas increíbles casualidades que se dan en el periodismo en la que uno escribe lo mismo, letra por letra, que ya escribió otro. Yo pienso que debe ser pura casualidad porque no creo que un periodista de su talla (ancha) sea tan indigno y, principalmente, tan pelotudo de plagiar a otro en una crítica literaria o de lo que sea. Bastaba con ponerle comillas y decir, por ejemplo, «como bien dice fulano». Es tan sencillo que sólo alguien enfermo de notoriedad, egolatría y de desprecio por los lectores u oyentes podría cometer y si hay algo que Gustavito no está enfermo es de eso, ¿no?
Son injustos con él.
Ya lo habían echado del suplemento «Qué Pasa» de El País por ser demasiado creativo: le inventó declaraciones a una entrevistada y utilizó materiales de otros para Zona Urbana, sin citar las fuentes. Bueno… eso a cualquiera le pasa.
Gustavo tiene tantas cosas en su cabeza, tantas, que se olvidó. Se le pasó.
Y yo digo: si ya había hecho esto e igual seguía en esos programas ¿por qué ahora lo escupen?
Lo que pasa que le tienen envidia, un hombre que fue capaz de construir su fama tratando de destruir la fama de los demás, genera esa clase de sentimientos contradictorios… pobre.
Gustavito, contá conmigo, a los genios no nos entienden. *
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