Néstor Barreiro, un "gauchazo de fierro"
Al gaucho Néstor » Russo» Barreiro, no hay con qué darle. Por varios días jugó la jineteada más difícil de su vida, sin lugar a dudas. Y salió airoso. Le ganó al bagual negro de la muerte y ya está pronto para cabalgar otra vez.
Así de simple. Para él, lo del jueves de Semana Santa, cuando un potro lo pateó en la cabeza, provocándole fractura de cráneo con pérdida de masa encefálica «son cosas que pasan», en la arriesgada labor de palenquero.
Desde el pasado jueves se viene reponiendo sin mayores contratiempos, felizmente, en el sanatorio del Banco de Seguros. Hasta ese día estuvo internado en el CTI del Círculo Católico.
«A los amigos, que por suerte tengo muchos, agradecerles que se han preocupado por mí», le dijo a LA REPUBLICA, que conversó con él en el mismo lugar donde se repone.
En las últimas horas varios jinetes lo habían llamado, entre ellos «Yeyé» Delgado, el capataz de campo de la Criolla del Prado.
Barreiro hace 15 años que está en el tema de las jineteadas. Hasta el año 1982 ofició como jinete en las criollas del Parque Roosevelt, y a partir del año siguiente comenzó su actividad en la Semana Criolla del Prado. Hasta el año 1993 tuvo una lucha continua, año a año, con los baguales. Y desde allí en adelante, comenzó el oficio de palenquero.
Pero lo de él viene de familia. Es uno de los «sobrevientes» de las viejas campereadas que se daban en La Tablada. En ese rincón de Montevideo, en la «subidita» de Antonio Rubio, casi en el encuentro con la Ruta 5, allí en la zona de Villa Colón, mantiene aún un antiguo predio, donde toda la familia Barreiro jerarquizó con sus fiestas gauchas.
Hasta hace un par de años se realizaban en ese lugar las tradicionales criollas del lº de Mayo, Asistían tropillas y jinetes de los más lejanos pagos del país y del exterior, atraídos por la fiesta de los «los Barreiro». A Néstor se le sumaban sus dos hermanos Edgard y Freddy, que áun siguen laburando en la criolla del Roosevelt.
La patada que le dio el bagual «ha sido lo más fuerte y bravo. Porque si hablamos de revolcones tengo varios, que me dejaron una linda matadura en el cuerpo», dijo a LA REPUBLICA.
Las dos piernas y el hombro quebrado son los galardones que guarda en su humanidad. Eso no le impidió seguir jineteando baguales en cuanta doma hubiera.
«¿Y después qué?», le preguntamos. «Creo que no voy a seguir. Me dedicaré a mi hija que tiene cinco años y le gustan mucho las criollas. Si voy a las criollas, iré a mirar, pero no todos los días tampoco».
Entre tanto seguirá a caballo, allá en su rinconcito de La Tablada. Con una tropilla de 20 caballos, ovejas y gallos de riña, Néstor Barreiro tiene para entretenerse.
Pero no nos creemos eso de que «creo que no voy a seguir». Porque como Néstor Barreiro, por suerte, sigue dándonos «muy buenos criollos el tiempo». *
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