Terapia Sexual
Tengo 30 años, tengo un bebé de 6 meses, es mi primer hijo. Mi consulta es la siguiente: tuve un embarazo de alto riesgo por lo cual durante el mismo no podía mantener relaciones sexuales con mi marido, la mayor parte pasé internada en el Sanatorio. Al nacer el bebé y luego de terminada la etapa de puerperio, pensé que mi vida sexual con mi marido volvería a ser la de antes, la cual siempre fue buena. Llevamos seis años de casado y antes, por lo menos, teníamos dos veces a la semana sexo. Pues bien, desde que el ginecólogo nos «habilitó» para tener relaciones nuevamente, a principios de noviembre, prácticamente, no hemos tenido relaciones y, las pocas veces que lo hemos hecho no han sido tan intensas como antes, más bien parece un trámite, una obligación. Siempre se dice que a la mujer, después del embarazo, le cuesta retomar la vida sexual, pero en este caso no soy yo el problema sino mi marido. Nunca tiene ganas, siempre pone la excusa de que está cansado, evita acostarse a la misma hora que yo, etc. Mis horarios dependen del bebé, si él se duerme temprano, me acuesto temprano, pero mi marido hace todo lo contrario. He llegado a pensar en la posibilidad de que exista otra mujer, pero no creo que sea posible pues él no ha cambiado su rutina de horarios y siempre está ubicable. Le agradecería su opinión al respecto: Ya he probado todo: dejar al bebé con la abuela un sábado por la noche, ponerme ropa sexi, nada funciona. En estos últimos 5 meses solo hemos tenido 4 veces relaciones. ¿Es esto normal?
El concepto de relación sexual no debe limitarse al coito, porque abarca todos los juegos, caricias, besos, etc. que puedan prodigarse una persona a la otra. Es decir, quizás te hayan prohibido la penetración o el orgasmo, pero nunca manifestar tu afectividad a tu pareja, dándose y recibiendo placer mutuamente de otras formas. Entiendo que la situación del sanatorio pusiera sus límites, pero quizás se haya dado un excesivo alejamiento afectivo entre ambos durante tu embarazo y ahora, con el bebe, sea más difícil de retomar. No es «normal» entre dos personas que se quieren (en el sentido de lo que hace la mayoría) lo que está sucediendo entre ambos y creo que debes provocar una conversación con tu marido sobre el tema y, de no poderlo resolver de esta forma, proponerle realizar una terapia de pareja para buscar soluciones. Los motivos pueden ser varios, no sólo el que tú supones, te propongo algunos, como por ejemplo que él haya pasado tan asustado tu embarazo, por temor a perderte a ti y al bebe, que no confíe en el método anticonceptivo que están usando y tema se repita o que se sienta culpable de alguna forma por lo sucedido, etc.
Querida Licenciada: después de saludarte, te quiero hacer algunas preguntas. Paso a explicarte mi problema. Tengo 30 años de matrimonio, tenemos 51 y 53 años y en este momento estamos separados. El convive con una mujer de la calle en este momento. El problema es que yo no acepto hacer el amor oral, lo encuentro asqueroso y el anal lo veo como una forma de someter a la mujer, cosa que yo no acepto y no me parece normal tampoco. Me pregunto si estoy bien o estoy mal porque veo que mi matrimonio se destruye. Tenemos dos hijos grandes de 20 y pico de años. Yo quisiera que me respondieras en tu página. Te quiero mucho Soledad, eres muy amable. Siempre leo tu columna.
Tanto el sexo oral como el anal no es disfrutable por todas las personas y entiendo que quién no desea hacerlo no debe ser presionada a realizarlo. Por lo general, se origina en prejuicios de que tenemos zonas limpias y zonas sucias, partes del cuerpo que pueden besarse y otras no. Esto, evidentemente, después de una buena higiene, no es así, pero la educación represora de la sexualidad que se inculca a la mujer, basada en frases como: «no te toques que te va a quedar feo olor en las manos» o «no te toques que es sucio» o «es una chanchada tocarse ahí» y otras por el estilo, son difíciles de borrar y, aunque en la edad adulta una pueda razonarlo, esas enseñanzas pueden estar muy arraigadas.
Además, por mucho tiempo, se educó a la mujer en que sólo debía permitir «lo normal» que todo lo demás era propio de prostitutas y no de las esposas. Es así que los varones optaban por mantener una doble vida, según acusaba Sor Juana Inés de la Cruz en uno de sus versos: «para esposa a Thais y en la posesión: Lucrecia». En la cultura machista, para casarse y madre de sus hijos, el varón exigía que la mujer fuera virgen pero, para disfrutar de un buen sexo, tenían su amante desprejuiciada.
Lamentablemente, son muchas las mujeres que concurren a consulta porque nunca tuvieron un orgasmo, que sólo conocieron la función procreativa de la sexualidad.
La Sexología ha hecho muchos aportes para derribar prejuicios y mitos sexuales que, como formas de represión se mantuvieron durante años…Uno de ellos es que la relación sexual no se limita al contacto genital ni al coito o penetración sino que abarca la totalidad del ser humano.
Mi opinión sobre las diversas prácticas sexuales es que, entre personas adultas, mientras sea de mutuo consentimiento, sin presiones de ningún tipo y que no les ocasionen daño físico o psíquico, no hay nada que pueda ser tildado de anormal o malo.
Gracias por tu afecto y la valoración que haces de esta columna.
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