Eutanasia premiada en Hollywood acaba sentenciada en Washington
¿Es casual que las dos películas más galardonadas por Hollywood, traten directa o indirectamente el tema de la eutanasia? Seguramente, no.
La mejor película de 2005 (One Million Dolar Baby), y la mejor película extranjera (Mar Adentro) están referidas, la primera de forma circunstancial a la trama y la segunda como eje temático, a la muerte asistida.
Cierto es que el drama de Ramón, con treinta años postrado en una cama al cuidado de su familia, con una única ventana junto al mar por el que tanto viajó y donde sufrió el accidente que interrumpió su juventud, con el único deseo de terminar con su vida dignamente, es el meollo de la película.
One Million Dolar Baby es una visión de múltiples aspectos centrados en un deporte relativamente «moderno» (el boxeo femenino), pero cuyo argumento concluirá pasando por un derrotero tan dramático como el anterior, aunque en un contexto totalmente distinto.
Por supuesto que con críticas de distintos pelos y señales, los especialistas no pueden sin embargo negar que ambos filmes son narraciones sin efectismos bajos en el tratamiento de la muerte, casi sin tendencia a la tragedia, el sentimentalismo, o el discurso panfletario. Cierto es que hay quienes discrepan con el relacionamiento de ambas películas bajo argumentaciones técnicas: en la versión doblada al castellano, en la película de Clint Eastwood la protagonista expresa padecer una lesión medular en los niveles C1 y C2, una tetraplejia bastante más grave que la experimentada por Ramón Sampedro, el protagonista de Mar Adentro.
Lo concreto es que más allá de una eventual postura proeutanasia en la película de Amenábar, y la duda moral a la licitud de suspender métodos extraordinarios para mantener la vida, planteada por Eastwood, ambos trasfondos resultan premiados por una academia de Hollywood, complaciente a ultranza con el régimen de turno.
Un régimen que apenas días después entra a tambor batiente, con todo su potencial mediático, en el tan sensible tema de la eutanasia, concluyendo en una pulseada, nada menos, que entre la Casa Blanca y el Gran Jurado de Estados Unidos.
Realmente las películas son buenas para la casi unanimidad de los críticos, pero no deja de ser casualidad que tras ser premiadas, el tema salte a la palestra, como salido de la galera de un mago, para entrar de lleno en la polémica de todos los Estados Unidos, y concluir con un enfrentamiento de poderes como no se produjo con ningún tema anterior. Casualidad, tal vez. *
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