El precio del coraje

La jornada del jueves en el Prado tuvo una nota triste, aunque por supuesto, siempre posible en este tipo de espectáculos. Un paisano, de los trabajadores del ruedo, palenquero para más datos, fue pateado por uno de los baguales en su disparada después de deshacerse del jinete que le estaba tratando de doblegar el lomo.

Su nombre es Néstor Barreiro y es de los pagos de La Tablada, allí nomás, en esa geografía del terrón pegada al asfalto montevideano. Pagos de gente criolla, de a caballo, que a pesar de que ya de aquellos corrales y aquel Camino de las Tropas solamente queda un lejano recuerdo, sin embargo siguen amaneciendo en el lomo de los fletes como permanentes habitantes de otros tiempos, de «arriadas» de tropas, de mataderos y frigoríficos, casi diríamos de vacas y cintos gordos.

Barreiro tiene 46 años, fue domador, y hace una punta de ellos que trabaja en el Prado. Viene de una familia «de a caballo», tanto que su hermano es don Fredy Barreiro, capataz de campo de las Criollas del Roosevelt desde hace también, como quien dice, una ponchada de tiempo. Lo que pasó, pasó entonces porque fue «una fatalidad». Todo sucedió en unos pocos segundos. El jinete Milton Goncalvez Saldaña, brasileño, venía en pelo, prendido de las crines de un arisco de la tropilla de Gonzalero, pero el bagual lo fue de a poco desacomodando. Fue en eso que medio se sentó la bestia, el hombre cayó y Barreiro se acercó tratando de sacarlo para que el animal no lo apretara. Entonces en la disparada, el bagual salió tirando patadas a diestra y siniestra y una de ellas le acertó en la cabeza del paisano.

Fue un golpe fiero, duro. Barreiro cayó sin sentido y enseguida llegaron los médicos y enfermeros del servicio de emergencia de guardia en el Prado y lo trasladaron inconsciente al Sanatorio del Banco de Seguros, siendo su diagnóstico inicial traumatismo de cráneo con pérdida de conocimiento. Inmediatamente los médicos de guardia en el referido centro asistencial lo intervinieron quirúrgicamente y posteriormente lo trasladaron al CTI del Sanatorio Círculo Católico de Obreros, donde hasta las últimas horas de ayer proseguía en estado delicado.

Como sucede siempre, el espectáculo siguió. De todas formas, una honda preocupación anidó esa noche en la rueda de mate de los fogones del gauchaje. En los 80 años del Prado han habido pocos accidentes graves entre los trabajadores del ruedo. Pero todos saben que siempre es posible que suceda. Por eso, por lo que significa la dureza de este deporte, la fiereza de los animales, el riesgo que enfrentan tanto los que se enhorquetan en los lomos de los potros como los que trabajan en las distintas tareas dentro del ruedo, siempre hemos dicho que siendo ellos –los paisanos– los verdaderos protagonistas de esta fiesta, son al fin y al cabo, los que cuando se reparte «la torta» se llevan las migajas.

Y si «pa´muestra alcanza un botón», ojalá de este triste episodio se rescate la expresa voluntad para que de una vez por todas, la organización de las fiestas criollas –las del Prado y todas las demás a lo largo y ancho del país– retribuyan equitativa y justamente a quienes aportan la cuota de coraje y sacrificio más importante del evento, protegiéndolos y respaldándolos de acuerdo con los riesgos que su aporte a los espectáculos imponen. *

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