Vida o muerte

«La alternativa al capitalismo no es exclusivamente el socialismo: puede también ser la barbarie, el caos y la muerte».

Muy importante para esta izquierda uruguaya que luego de un largo proceso de acumulación llegó hasta el Gobierno que se instala en estos días.

En ese más que centenario camino desde aquel «Proletarios del Mundo Uníos», fuimos (aramos dijo un mosquito que nació en 1942), pasando por diferentes avatares.

A la usanza de viejos manuales que proponen un materialismo dialéctico para uso y abuso, se fue pasando a lo largo de lustros y decenios por varios análisis teóricos, que comenzaron proponiendo como contradicción fundamental la lucha entre el socialismo y el capitalismo y la principal (vaya sutileza ), que oponía en el planeta a la burguesía y el proletariado.

Aunque más pronto que tarde apareció la importancia del campesinado (la hoz junto al martillo), ella prosperó con variado «éxito» (incluso llega hasta nuestros días en ciertos «análisis»), hasta que irrumpió (hace también muchísimos años), la contradicción entre el imperialismo y la nación y su vástago forzoso: el enfrentamiento entre la oligarquía y el pueblo (dos categorías policlasistas).

Ni las burguesías ni los proletariados eran tan homogéneos y tanto el imperio como la «cuestión nacional» entraron como elefantes en las estanterías teóricas.

En medio de ese debate, enriqueciéndolo o tergiversándolo según el caso, llegó la teoría que aventuraba como máxima contradicción la del capitalismo contra el socialismo, pero expresada entre el campo socialista (la Unión Soviética), y el campo capitalista (los Estados Unidos).

Nacida poco después de creada la III Internacional, va adquiriendo potencia, llegando a su máxima expresión a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial y durante toda la Guerra Fría.

Lisa y llanamente sustituyó a las clases por dos estados. Habiendo sido la que estuvo más de moda ha sido archivada… Salvo en muy pequeños círculos.

Así que, simplificando mucho, podríamos decir que vamos desde la lucha de clases dura y pura entre burgueses de todo el mundo, unidos contra proletarios que deben hacer lo mismo, pasando por los frentes de liberación nacional, donde juntos contra el imperialismo de turno varias clases podían y debían unirse y para ello elaborar un programa nada estrictamente proletario.

En el vastísimo campo de esta teoría llegó a afirmarse y a probarse muchas veces, que ciertos proletariados muy bien organizados y hasta de «izquierda» podían y hasta debían ser cómplices de SU imperio y que ciertas burguesías o parte de ellas, podían ser aliadas de su proletariado en la lucha para enfrentar al enemigo común. Hubo también enfrentamientos armados entre países «socialistas» y ni qué hablar, duros enfrentamientos en procesos socialistas con diferentes resistencias nacionales…

Dejemos por ahora de lado la «teoría» del Partido Unico, que para imponerse debió aniquilar toda resistencia de izquierda (y no sólo de derecha).

He pasado rápida y groseramente por mucha historia, para poder llegar con espacio disponible hasta la aparición no hace mucho de la ecología como ciencia, pero también conciencia, de límites infranqueables bajo pena de catástrofe global.

Tengo como cierto, que ya en la Segunda Guerra Mundial cuando se fabricaron armas de colosal capacidad destructiva, estaba presente, por lo menos en ciertos estados, la certeza de este nuevo «dato» de la realidad. Obviamente, fueron la ciencia y la portentosa capacidad industrial desarrollada por el ser humano para la guerra, las que pusieron por primera vez sobre la mesa de los debates este problema.

La expansión tecnológica y demográfica, junto con el consumo creciente, terminaron presentándolo como ineludible e inminente.

Entonces hoy tenemos: armas capaces de destruir el planeta, la atmósfera enferma, la crisis de la energía, la del agua potable, la de la población y la de los alimentos entre las aflicciones más importantes, que no son las únicas.

Y otra gran certeza: la alternativa al capitalismo no es exclusivamente el socialismo: puede también ser la barbarie, el caos y la muerte.

El «modelo» imperante es para una minoría de la humanidad o no es para nadie. Si bien muchos estados débiles desaparecen, o los desaparecen a prepo, otros se fortalecen más que nunca librando una batalla de «sálvese quien pueda» que es a muerte.

La creación por varios países, de vastos espacios económicos, es también expresión cabal de esa puja por pertenecer a la minoría, que «se salva»a expensas de una mayoría que ya ni tan siquiera es explotable: ahora es descartable, superflua, sobrante, sacrificable.

Esta realidad es la que estamos viendo y viviendo en varios continentes y, a veces, en continentes enteros. Pero, también en nuestros barrios.

«La desocupación es estructural» dicen con exquisita fineza.

Esa enorme cantidad de seres humanos hace mucho que no es proletariado. Ni siquiera la integran los nietos del proletariado: como también se dice, hay ya generaciones de gente que sobreviven milagrosamente así. Para ellos tampoco hay burguesía interesada.

Parece claro entonces que si, por ejemplo, queremos seguir usando las categorías de antaño, deberíamos proponer que la contradicción fundamental hoy se expresa entre la vida y la muerte. A eso hemos llegado. Es así para la mayoría de la humanidad, pero también lo es para grandes sectores de la actual minoría y a la postre, lo será para toda la minoría.

Entonces, la lucha contra la gama de intereses imperiales que propone y perpetra tanto exterminio, es en primer y urgente lugar una lucha de Liberación Nacional que adquiere en estos días contenidos nuevos… Y dramáticos.

Ayer se luchaba por la independencia o por la autodeterminación y por la instalación del Estado Nacional para liberarse de cadenas políticas y económicas imperiales que impedían el bienestar y el desarrollo.

Hoy se debe pelear por lo mismo, pero no alcanza. Al «viejo» programa de la libertad debemos agregar la lucha por la VIDA. Por seguir viviendo.

Ya no se trata solamente (¡) de perder la libertad y de ser explotados en masa: también se trata del aniquilamiento.

Porque emigrar a otros lares, enfermarse de enfermedades curables nuevas y viejas, irse a vivir en masa a los asentamientos, vivir de la basura, trabajar por salarios de hambre y marginación, instalar la violencia de pobres contra pobres, llenar el país de cárceles y presos, destruir los hospitales y las escuelas y, en el mejor de los casos, en el más primoroso, vivir encerrados entre rejas, perros de guerra, alarmas eléctronicas, no poder andar por la calle y tenerle miedo a todo, es el preludio de la desaparición física y espiritual de algo que pueda ser llamado gente, país, o nación.

La respuesta y la posibilidad son claras: hoy es vital una vasta política de alianzas, mucho más profunda y amplia que las de la antigua lucha por la Liberación Nacional conocidas aquí y en el mundo.

Esta es la propuesta estratégica con las razones que la fundamentan. Es la ineludible necesidad para la victoria y también la clamorosa posibilidad a la vista.

Es la causa, la razón y la justificación de nuestra lucha. *

(*) Senador de la República

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje