LA COLUMNA AMARILLA

Dios me libre y me guarde

Hace un tiempo escuché a un informativista de televisión anunciar con gran entusiasmo que el Papa «estaba respirando por sí mismo».

La noticia me impresionó. Aclaremos, no me impresionó que el Papa hubiera «mejorado» su salud sino que el hecho de que una persona respire pueda ser noticia y recorrer el mundo. Y cuando esa persona es un señor que tiene poder sobre millones de seres humanos, mucho más me impresiona.

Realmente, al llegar a la situación donde respirar es una buena noticia, uno se pregunta qué despelote habrá allá en el Vaticano para que este pobre anciano enfermo no renuncie y alcance el fin de sus días en paz.

Porque a mí no me van a hacer creer que ese viejito tembloroso, doblado y sin aire en los pulmones, manda y toma decisiones.

Menos me van a hacer creer que leyó el semejante mamotreto que es «El código Da Vinci» como para censurarlo al mejor estilo Torquemada.

Es más, no sería nada raro pensar que detrás de esta prohibición esté la editorial del libro ya que, como se sabe, esta prohibición no hará otra cosa que elevar las ventas del susodicho bestseller.

Si no fuera porque capaz que no me atiende, lo llamaría por teléfono (al Papa, digo) para pedirle que declare como anatema y herejía leer esta columna. De ser así ya le estaría pidiendo a Fasano que, como mínimo, me duplique el sueldo. (Aunque para decir la verdad, podría pedírselo igual sin que intervenga el Papa, ¿no?)

Decí que ahora no es como antes cuando tenían poder: recién 300 años después que Copérnico publicara su libro, se pudo enseñar en las universidades europeas que el sol estaba fijo, los planetas giraban alrededor de él y la Tierra giraba sobre su eje. ¡300 años, pavadita de atraso en el conocimiento! ¿no?

Atenti que esto del «Código…» no es, ni por asomo, tan importante como aquéllo pero es un dato más en estos días donde la iglesia católica ha querido prohibir un cartel publicitario francés que refería a la última cena y en Argentina promovió a un reaccionario racista como monseñor Baseotto. *

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