URUGUAYOS QUE ENGORDAN SIN HABER CAMBIADO DIETA NI HABITOS

Una hormona, responsable de la "gordura del estrés"

Los pacientes aseguran a sus médicos estar comiendo igual cantidad que antes de engordar, pero que han engordado en muy poco tiempo. Otros pacientes aseguran hacer gimnasia metódicamente, caminar y evitar ingestas de grasas de cualquier tipo, pero igual engordaron severamente en un par de meses.

Otros más todavía niegan haber cambiado sus hábitos de forma negativa alguna, y por el contrario insisten en que llevan una vida cada día más sana. Pero no paran de engordar.

El fenómeno, estudiado en las naciones desarrolladas, y común también a nuestro medio, parece ahora encontrar respuesta en investigadoras de la Universidad de Chicago. Y el alerta es harto interesante para Uruguay, en tanto investigadores locales aseguran que en los últimos años este problema se acrecentó en el país.

La investigación del University Medical Center de Chicago tuvo su origen en un fenómeno paradójico: pacientes sometidos a estrés prolongado, en lugar de adelgazamiento experimentaban sobrepeso al principio y obesidad poco tiempo después.

El estudio testigo se realizó durante cuatro años, entre 2.017 mujeres de mediana edad, bajo diferente grado de situaciones de estrés, y parámetros alineados de dieta, hábitos y hasta enfermedades. Los norteamericanos priorizan el tema, dada la epidemia de obesidad que sufren a nivel nacional.

La conclusión fue que las situaciones de estrés prolongadas en el tiempo generan aumento de peso, sin estar ello relacionado directamente con estar comiendo más o haciendo menos ejercicio. Evaluando las situaciones específicas, se concluye que cuando los individuos están sometidos a estrés, en principio pierden algo de peso, pero de persistir el estímulo negativo en el tiempo (la enfermedad de un ser querido, problemas laborales, etc.) el organismo sufre cambios hormonales que acumulan tejido adiposo.

Los análisis de laboratorio revelaron coincidencias particularmente interesantes a nivel del aumento de cortisol en sangre, una hormona que se activa junto a las adrenalinas. Las evidencias apuntan que los mecanismos de defensa del organismo actúan de la siguiente forma: ante una agresión, el cerebro ordena la secreción glandular de adrenalina y noradrenalina. Ambas hormonas aceleran el ritmo cardíaco y la respiración, «agudizan» los sentidos, conformando el mecanismo con que el organismo reacciona para defenderse.

Como segunda defensa, las glándulas suprarrenales segregan cortisol, una hormona que mantiene el estado de alerta biológico. De extenderse aun más en el tiempo, y mantenerse el cortisol en niveles altos, el organismo lo compensará exigiendo más alimentos. Aun cuando la ingesta no aumentara, el cerebro parece «confundirse» especulan los científicos, a medida que el estrés se mantiene constante durante largos períodos, algo para lo que no parece estemos concebidos.

Al disminuir la adrenalina y mantenerse constante el cortisol, disminuye también la lipolisis, la degradación de grasas, con lo cual el estrés crónico produce aumento de peso, aunque se coma igual «que antes».

Ahora resta la aplicación clínica de la investigación, en tanto no se recetan aún medicamentos que contrarresten el problema.

En Uruguay: igual o peor

El investigador médico uruguayo Jesús Costa, consideró aún incipientes los estudios como para conclusiones definitivas, pero explicó a LA REPUBLICA que las secreciones internas generadas por el estrés (adrenalinas, cortisol, etc.), en forma constante, inevitablemente generan consecuencias.

«En Uruguay, seguramente este pueda ser uno de los factores determinantes de algunas formas de obesidad, dado el escenario social vertiginoso de los últimos años y la multiplicación de los cuadros de estrés crónicos», indicó el especialista. «Pero este puede ser uno de los factores, en tanto debemos tener en cuenta el factor genético, así como todos los vinculantes a la ansiedad».

Detalló Costa que existe una predisposición genética incidente, que puede acelerar patologías referentes a la obesidad en algunos individuos, como hacerlo predisponiendo a úlceras o infartos, en otros.

A nivel estadístico, si bien Uruguay está considerado como una nación donde las consecuencias de la obesidad son importantes, se carece de relevamientos detallados como para establecer vínculos entre el estrés crónico y el aumento de peso. Todo indica no obstante que el fenómeno está en parámetros similares a los de algunas naciones desarrolladas, donde las patologías vasculares son de alta incidencia en la mortalidad general. *

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