Diálogo marzista
– Buenos días, ¿aquí es donde se dan clases sobre cómo actuar en la oposición?
– Bueno, no son clases exactamente. No utilizamos más esa denominación.
– ¿Es por aquello de la lucha de clases?
– No, no tiene nada que ver. Eso ya no existe más. Se terminó, como la historia.
– Y entonces lo que empezó el 1º de marzo ¿qué es?
– Eso es otra historia.
– ¿Cuando usted dice «otra», qué quiere decir?
– Nada que me interese explicar. En realidad quise decir «mejor no hablamos de eso».
– ¿Y si quiso decir eso por qué no dijo eso?
– Estamos hablando de política, ¿verdad?
– No lo sé, yo hablaba de historia. Quizás sea casi lo mismo. De cualquiera manera… si habláramos de política ¿qué cambiaría?
– La forma de hablar. Se lo acabo de sugerir, ¿no se dio cuenta?
– Estoy un poco confuso.
– Ah, entonces se dio cuenta.
– Volvamos al principio.
– Eso es lo que nosotros quisiéramos. Volver a la época en que nos repartíamos todo entre los dos. Tres y dos para ser más precisos.
– Yo le hablaba de otro principio.
– Lo único que nos falta es que ahora empiece a joder con el tema de Los Principios. Esos se terminaron mucho antes que la historia y, si quiere que le sea sincero, se terminaron de verdad no como aquélla.
– Yo me refería al principio de esta conversación cuando le pregunté sobre la oposición.
– ¡Ah, la oposición! Nosotros sí que supimos darle el lugar que se merecía a la oposición. Siempre le dimos cargos a la oposición.
– ¿Usted se refiere al EP-FA?
– No. Usted se cree que somos bobos. Le hablo de la oposición, es decir de nosotros o de ellos, o ellos y nosotros que al final es lo mismo.
– ¿Pero si son lo mismo cómo pueden ser oposición?
– ¡Ay, m’hijo, mirá que sos lento vos! Uno es un opositor responsable cuando cambiás figuritas.
– ¿Cómo?
– Si vos me votás esto yo te voto aquello, ¿Chapás?
– Voy chapando.
– De eso se trata, de chapar lo más posible. *
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