Libertad de prensa, pero si es a favor

Previo al inicio de la actuación de Momolandia la noche del domingo en el Teatro de Verano, su director responsable, Oscar Díaz, planteó una reunión con los medios presentes en el concurso, para la cual exigió la presencia del presidente del Jurado y el delegado de Daecpu.

Tal «conferencia» tuvo como objeto dar cuenta de una supuesta maledicente prédica en perjuicio de la murga, de algunos colegas, volcadas en un programa televisivo, donde, en sus opiniones, no figuraría Momolandia como candidata a las primeras ubicaciones en el concurso.

Según Díaz, esas opiniones podrían influenciar negativamente al Jurado que ese día precisamente debería juzgarlo.

Tal planteo, realizado en la forma en que se hizo, resulta por lo menos insólito y honestamente a mi entender absolutamente fuera de lugar, además de irrespestuoso para los periodistas involucrados y para el Jurado, en la medida que se entiende pueda ser influido por estas opiniones.

Por otra parte retrasó en cuando menos diez minutos el reinicio del espectáculo, con un teatro lleno de público y reclamando.

Los periodistas cuyas opiniones cuestionó Díaz fueron Néstor Pallares de CX 30, Guzmán Ramos de CX 36 y nuestro compañero en CX 42 Fernando Lafuente.

Estas por lo menos extemporáneas manifestaciones, sin bien cobran oficialización solo en forma aislada, son lamentablemente bastante frecuentes.

El derecho a la libre expresión del pensamiento y la libertad de prensa tantas veces defendidas desde los textos de los conjuntos, apelando al aplauso y adhesión del público, no pocas veces levanta el rechazo y/o la intemperancia de quienes se sienten molestos por esas opiniones, si ellas no apuntan al halago o como en este caso, a no integrar para quien opina, una nómina de posibles ganadores.

Por lo general en estos casos, tal como aconteció, esas opiniones si son coincidentes, son producto de poco menos que una conspiración en contra de la agrupación de marras o en procura de favorecer otra.

Cuando las declaraciones de Díaz amenazaron transformarse en un debate, el presidente del Jurado, haciendo uso de sus potestades reglamentarias, disolvió la reunión, se dio por enterado del reclamo y conminó al conjunto a iniciar la actuación, por respeto a los miles de asistentes a la espera en las tribunas del Ramón Collazo, no sin antes reflexionar que «por suerte vivimos en un país, donde gracias a Dios, se puede opinar con absoluta libertad…».

Considero el hecho inscripto dentro del nerviosismo que genera la finalización del concurso, lo que no implica dejar de rechazarlo en la medida que de prosperar actitudes de esta naturaleza, decididamente nadie tendría derecho a opinar, en la medida que ello contraríe los cálculos o previsiones de los participantes.

Por mi parte más allá de coincidencias circunstanciales, mi solidaridad y respaldo a los colegas y en particular a Fernando Lafuente, un gran carnavalero, excelente colega y amigo y cuya opinión por otra parte comparto en un cien por ciento.

Vaya cosas insólitas, Lafuente fue años atrás componente y director responsable de Momolandia, siendo desde entonces la murga que tiene en su corazón. *

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