Enrique Navas: "El sistema carcelario uruguayo es escuela del delito"
–Director, ¿cree usted que con un centro de rehabilitación como este de La Tablada, puede estar el proceso de recuperación del sistema carcelario y del propio recluso?
–Sí, es la primera experiencia real que en materia de rehabilitación se desarrolla en el ámbito de la Dirección Nacional de Cárceles. Sin contar, por supuesto, otras experiencias anteriores, pero muy distintas porque se trata de centros en un medio abierto o libre como son el Centro Nº 1 Tacoma y el Centro de Recuperacion Nº 2, la Colonia Agrícola Penitenciaria de Libertad. Esas experiencias han sido y siguen siendo excelentes. No se han ampliado porque es conocida la carencia de recursos. Son muy pocos los internos que están amparados en ese régimen abierto. Nosotros quisimos que fueran muchos más. Pero en un medio cerrado, como es este establecimiento, es la primera experiencia seria en materia de recuperación que, además, con otra peculiaridad, sin ningún apoyo del Estado, pero ningún, ningún apoyo del Estado. Solamente en base a la participación de la familia, las ONG y los internos, y por supuesto con la integración del personal penitenciario, se ha podido llevar a cabo.
—Los planteamientos que usted ha realizado ¿van en una misma dirección con los que aspira instrumentar el nuevo gobierno en materia carcelaria?
–Los lineamientos que esta nueva administración de gobierno ha programado para el sistema penitenciario son exactamente los mismos que nosotros hemos aspirado a que se conviertan, no en una política de un gobierno, sino en una política de Estado. Que trascienda los gobiernos de turno, que trascienda los ministros, que trascienda los directores nacionales, esas políticas no pueden cambiar según las personas, o a veces están ciertos intereses que son creados, sino que tienen que estar definidas. Y esas políticas las compartimos plenamente, porque hacen en definitiva a la humanización del sistema penitenciario, al trato digno a los reclusos, apostando a su recuperación, pero también a un compromiso de ellos con la administración. ¿Cómo superarse? Intentar hacerlo a través del trabajo, de la educación y de la participación en actividades de conjunto o actividades sociales, inclusive dentro de los centros penitenciarios, y actividades que son programadas conjuntamente con las autoridades, los familiares y con los propios internos. Entonces, con un fuerte compromiso de los internos a respetar, a dar su palabra y a comprometerse en un programa de recuperación es que se ha podido llevar esto adelante y sin costos para el Estado. Y lo digo porque nosotros no hemos tenido la fortuna, como otras unidades ejecutoras, que han contado con un gran respaldo del Estado. Sabido es que a las cárceles que dependen de nosotros les ha faltado y nos sigue faltando, elementos esenciales como la alimentación y la atención sanitaria.
–¿Cómo hacemos, en vista de toda esta problemática, para descongestionar y mejorar la situación de los dos establecimientos más grandes como son el Comcar y el Penal de Libertad?
–Ahí ya el paquete de medidas tiene que ser mucho más amplio. En primer lugar, y como bien lo explicó el señor ministro, hay que atender las necesidades más urgentes como son la alimentación y la atención sanitaria. En estos momentos el Ministerio del Interior está programando la asignación de recursos para mitigar esa grave situación que estamos padeciendo allí. Eso hace a la humanización del sistema en el corto plazo. Para el mediano plazo se están planificando algunas modificaciones en la legislación penal que sean más realistas, ajustado a nuestro país y a las posibilidades del Uruguay. Que visualice al instituto penitenciario, no como el primer recurso del sistema punitivo del Estado, sino como el último recurso del sistema punitivo del Estado. Por lo tanto, hay mucha gente, dicho en otros términos, que termina la cárcel y que de pronto podría estar en un régimen de semilibertad o libertad vigilada por la autoridad policial o judicial, como puede ser un régimen de medidas alternativas en la prisión cuando se trata de delitos leves, e ir dejando la cárcel, como último recurso, para aquellas personas que necesitan de un tratamiento especial penitenciario porque son peligro de alguna manera para la sociedad. Hoy por hoy con esta sobrepoblación es imposible hacer un tratamiento penitenciario. Hoy por hoy la sociedad pierde con las cárceles que tenemos porque los que ingresan salen peor de lo que entraron. Porque se exponen a un ambiente muy malo, salen resentidos, y si usted no les da de comer, si usted sólo los tiene encerrados, sometidos a un ocio compulsivo, si no se les puede atender en lo mínimo, si no generamos oportunidades de trabajo, de educación, de capacitación, y por lo contrario ponemos a gente que nunca delinquió con gente que son expertos delincuentes y habituales, lo que va a salir de ahí es un delincuente profesional. Es decir que la cárcel va a ser la escuela del delito. Desgraciadamente eso en los últimos años en Uruguay ha sido la característica esencial. Que no lo era muchos años atrás. El sistema carcelario uruguayo nunca cayó tan bajo, tan degradado, como ha caído en los últimos años.
–Todas esas situaciones penosas que se dan en estos establecimientos, como el tráfico de drogas, de sexo, prostitución y otros, ¿cómo se cortan, cómo se eliminan?
–Volvemos a lo anterior. Con una situación de sobrepoblación, donde usted no tiene personal de seguridad y de vigilancia, donde frecuentemente un solo guardia tiene a su cargo de 100 a 150 reclusos, es imposible proveer de seguridad. Por otro lado también necesitamos un sistema de autodepuración, que lo precisa toda la policía nacional para librarse de elementos corruptos, desleales a la institución que se creen que están por encima de la ley porque portan un uniforme y que hasta ahora no lo hemos tenido porque la mayor parte de los sumarios que elevamos al ministerio, vuelven con sanciones leves y los malos elementos siguen trabajando dentro de la institución. Pero eso no es achacable a la propia institución policial que ha hecho lo posible para autodepurarse, sino, a que no sabemos por qué causa la mayor parte de los sumarios que vuelven del ministerio, que es el que se arrogó la facultad de decidir la destitución, no vuelven con la cesantía como nosotros aspiramos. Y si no podemos limpiar la casa cómo vamos a poder dar seguridad.
–¿Usted es partidario de la libertad anticipada?
–Sí, por supuesto, Soy partidario de un régimen como aconsejan las ciencias penales y criminológicas que les dé la oportunidad de acceder, en base a su buena conducta, a su intención de recuperarse, a los distintos sistemas de libertades. Hay muchos sistemas de libertades. El Uruguay aplica muy pocos. Hoy por hoy el sistema penal nuestro es muy restrictivo. Es muy difícil obtener las libertades. Está cerrado, trancado y por eso también este fenómeno de inflación penal, con una masa humana que es imposible de controlar. En los países donde esas libertades se aplican les da buen resultado. Y si no miremos a Canadá que tiene un amplísimo sistema de libertad que le da un excelente resultado en materia de reinserción en la sociedad.
–¿Le sorprendió el hecho de haber sido mantenido por el nuevo gobierno en el cargo de director nacional de Cárceles?
–No podría decirle que me sorprendió desde el punto de vista en que las políticas de Estado que este nuevo gobierno se ha programado implementar coinciden plenamente con lo que nosotros llamamos políticas penitenciarias, que hasta ahora no hemos tenido eco con las autoridades del Ministerio del Interior. Entonces, al haber una comunión conceptual e ideológica sob
re lo que debe ser el servicio público penitenciario, desde ese punto de vista no me sorprendió. Me sorprendería quizás, desde otro punto de vista, el cual prefiero reservarme mis consideraciones personales. Yo soy un oficial que llevo muchos años en la carrera policial y he trabajado en distintos períodos. Y a veces cuando hay cambio de gobierno suele haber muchos relevos y mucho cambio de mando, en el cual uno se hacía más en la casa que continuando en la gestión. Pero en ese punto también hay diferencia en mi caso, porque nunca tuve pronunciamientos políticos. Soy un fiel creyente en el principio constitucional de que el funcionario está para trabajar para la nación, para el Estado, y no para un partido político. Siempre he rechazado lo que es la politización y el uso político de la Policía o uso politiquero mejor dicho. Porque si hubiera un uso político, y si entendemos la politica como el arte de gobernar para el pueblo, estamos de acuerdo que haya un uso político. Pero desde hace muchos años hemos luchado contra el uso politiquero que ha degradado la función. Y estas autoridades que asumieron están dispuestas precisamente a no hacer politiquería con la institución, por lo tanto ahí también tenemos coincidencias.
–Deduzco de sus palabras que usted se siente más cómodo con este gobierno que con el anterior.
–Bueno, es preferible que esa observación corra por su parte. Digo que me siento muy a gusto con las nuevas autoridades ministeriales, muy a gusto. *
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