Una semana llena de emociones y de anticipos

No resulta fácil sintetizar todo lo que el pueblo uruguayo y especialmente los frenteamplistas hemos vivido en estos días.

La emoción del reencuentro con viejos compañeros de exilios y prisiones, con los amigos extranjeros que nos dieron cobijo, con los compañeros a los que no se ve todos los días.

En la emoción estaban los ausentes, los que merecían haber visto este triunfo y su vida fue cegada malamente por la dictadura o por la enfermedad.

1- En la emoción estaba el reconocimiento, de todos hacia todos, de que el Frente Amplio había logrado sobreponerse a treinta años de exclusiones y discriminación.

Que éramos y somos una organización política animada de tanto fervor y pasión de cambio que somos capaces de reponernos a los reveses, de curarnos las heridas, de mirar hacia delante sin perder de vista que atrás de todo esto hay una historia de dolor y de heroísmo. Y de desapariciones e impunidades sin resolver.

Esa capacidad de reponerse a la adversidad que tuvieron cientos de miles de hombres y mujeres de izquierda que fueron sometidos a las humillaciones del despotismo civil y militar, tendrán ahora que demostrarla los blancos y los colorados.

2- Con la impecable conducción de los actos públicos, el contenido de los discursos del presidente electo, la impetuosa presencia de líderes latinoamericanos de la talla de Hugo Chávez, Néstor Kirchner y Lula da Silva, y la ansiada reanudación de las relaciones con Cuba, culminó en excelente forma el período de transición conducido por las autoridades del Frente. Son pasos fundamentales para echar las bases de un proceso de integración regional sin el cual el proyecto de país productivo se enfrentaría a escollos casi insalvables.

El regocijo en estos primeros días va más allá, mucho más allá de los que el 31 de octubre votaron por Tabaré.

Buena parte de la población siente que hay algo de fundación de una nueva institucionalidad, de una comunidad nacional organizada sobre la base del respeto de la dignidad del pueblo.

La fundación de una nueva república donde sus funcionarios serán servidores del pueblo y actuarán con transparencia, humildad y sentido de patria.

La reconciliación de una parte muy grande de nuestro pueblo con la política es uno de los logros más fecundos de la acción de la izquierda.

En forma inaudita los medios de comunicación de masas siguen favoreciendo a los sectores minoritarios, a los que no alcanzaron siquiera el 10% del apoyo del electorado, quienes, ante la sonrisa, o la risa incrédula de los ciudadanos buscan el pelo en la leche para iniciar ya sus políticas de agravios y bloqueamientos.

3- Como se había anunciado, en este momento se está inaugurando una fase especial del curso político, simultánea al inicio de las obras: la hora de la verdad sobre los delitos cometidos contra el patrimonio y los derechos del pueblo.

Ya con mucha contundencia el subsecretario de vivienda Jaime Igorra declaró que no se sabe dónde fueron a parar 90 millones de dólares destinados a vivienda. Una denuncia realizada desde hace muchos meses por Fucvam y que con su arrogancia característica el gobierno de Batlle hizo oídos sordos.

En estas primeras muestras de la auditoría administrativa anunciada por Tabaré, Jaime Igorra también se pregunta por qué el Banco Hipotecario construyó cinco mil casas que siguen vacías. Parece ser que estamos ante esas formas habituales del delito, propias del decadente Estado neoliberal.

Pero de esos delitos debe haber responsables. Y esos responsables no pueden permanecer ni en el anonimato ni en la impunidad.

La aparición pública del nombre de los apropiadores y despilfarradores que hasta ahora estuvieron encaramados en el Estado le hará un gran bien a la República y fortalecerá el compromiso de la ciudadanía toda con la marcha hacia un destino mejor para el país.

El pueblo no soporta más la hipocresía oficial, el ocultamiento, la impunidad de las elites. El concepto de República es idéntico al de la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Sin eso las instituciones carecen de alma.

4- El proceso de transición incluyó también la provisión de cargos ministeriales, en los directorios de los entes autónomos y en varios cargos de confianza política.

La designación de gobernantes es siempre una cuestión delicada, un terreno donde es fácil equivocarse.

De todos modos tratándose como se trata de cargos de confianza política su designación está siempre sujeta a la calidad de su desempeño y, por lo tanto, si en alguna designación ha habido error será fácil de repararlo agradeciendo al elegido por los servicios prestados y, con todo respeto, pidiendo su renuncia.

Creo que uno de los grandes aciertos en materia de designaciones es la incorporación de sindicalistas en los directorios de algunas de las grandes empresas públicas y en la conducción de la ANEP. Muy pronto se demostrará el efecto estimulante que sobre la gestión de esas poderosas palancas económicas, sociales y culturales tendrá la presencia en la conducción de hombres y mujeres que las conocen por dentro, que las han estudiado con detenimiento y las han defendido con alma y vida.

Con relación a otros nombramientos, «al freír será el reír». O el llorar. Aunque siempre queda el recurso de reparar el error sustituyendo.

Soy consciente de la enorme diversidad de los problemas que aquejan al país postrado que recibimos. Hay un Plan de Emergencia en curso. A la vez son fundamentales los procesos de reorganización popular, como el que alienta el PIT-CNT convocando a la organización sindical de las trabajadoras del servicio doméstico. Reorganización para participar, ahora con el amparo de la Ley y de un Ministerio celoso del cumplimiento de la misma.

El establecimiento de fueros sindicales y los Consejos de Salarios favorecerá la sindicalización de un gran sector de trabajadores jóvenes del sector privado, hasta hoy reprimido, fortaleciendo la movilización social por un nuevo modelo de distribución de la renta. Con mejoras salariales y tributarias de acuerdo al principio de que pague más el que tiene más.

5- En esta enumeración quiero poner énfasis en un tema espinoso: el de la enseñanza pública.

Una parte considerable de la realidad actual y del destino del país se está viviendo en la peripecia de cientos de miles de jóvenes que están o debieran estar encuadrados en el sistema de nuestra educación pública.

Hay allí un extraordinario potencial de energía espiritual y moral, una extraordinaria reserva para el desarrollo y la dignidad nacional. Y la hay también en ese cuerpo docente, mal pago, a menudo subestimado y al que no se la ha prestado atención en la hora de formular planes y reformas.

Creo que la educación pública es uno de los dos o tres campos de batalla más importantes que tenemos que afrontar.

Es un territorio lastimado, donde todos sus protagonistas, empezando por los jóvenes, se han visto alejados de toda participación.

De entre toda la educación pública, los liceos y las escuelas de la ex UTU constituyen el campo primordial. La zona de desencuentro más explosiva, el área de la sociedad más vulnerable al desaliento, donde sobrevuelan los buitres de la droga, la apatía o la desesperación.

La conducción de la ANEP requerirá un esfuerzo titánico donde tendrán que poner lo mejor de sí hombres y mujeres que conozcan a fondo, por experiencia propia, sus problemas, su compleja trabazón de carencias técnicas y materiales, la falta de diálogo, la frustración de los auténticos docentes, el desamparo de los institutos de formación docente.

La educación pública no puede ser un islote en el que se deposite el mejor
potencial humano del país sino un campo privilegiado de la acción pública.

Los conductores de la ANEP tienen la responsabilidad de hacer aflorar todo ese potencial creativo de nuestra juventud y de nuestros docentes. *

 

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