Angeles y cangrejos
Pensaba en la inmortalidad del cangrejo que como cualquiera sabe es una manera de decir que uno está pensando en el sexo de los ángeles pese a que la forma de caminar de estos crustáceos nada tenga que ver con las opciones sexuales de los culirredondos querubines voladores. (¿O sí tienen?)
Opción que hoy quizás no importe a nadie pero que allá en la Edad Media se discutía en profundidad a partir de la teología y la metafísica. Discusiones que pretendían sentar doctrina sobre estos temas y así se discutía si los ángeles eran masculinos, asexuados, hermafroditas
o inmateriales. Como se verá, podían ser cualquier cosa menos del sexo femenino, porque algunos de estos filósofos sostenían que Dios a la mujer no le había concedido alma, mientras que otros, los más progresistas, abogaban porque se les reconociera una… pero muy chiquitita. (Esta idea de la mujer desalmada llegó hasta nuestros días, por lo menos para los autores de boleros y para los tangueros, salvo, Dios me libre y me guarde, que sea la «madrecita buena».)
¡Ojo! No crean que aquellos filósofos sólo discutían estas vaguedades, aquella gente hizo avanzar la filosofía a partir de la investigación sobre otros temas fundamentales tales como: ¿Cuántos granos de arena se necesitan para decir que hay un montón de arena? ¿Diez, cincuenta, quinientos veinticinco? También se debatía sobre cuántos pelos debe perder un hombre para que se le pueda llamar calvo o cuánto tiempo debía pasar para decir que había pasado mucho tiempo. ¡Já! Hablar y opinar en aquella época, no era nada fácil. No es como ahora.
Eso sí, nadie investigó cuántas estupideces debía uno pensar y decir para ser llamado crítico-representante-de-la-oposición o analista político objetivo.
Mejor vuelvo pensar en la inmortalidad del cangrejo que como cualquiera sabe es una manera de decir que uno está pensando en el sexo de los ángeles o en las últimas declaraciones de García Pintos, Trobo o Sanguinetti. *
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