El tren del futuro
El futuro ya llegó. No había más que mirar las calles y la gente en este 1º de marzo para saber que el futuro ya estaba entre nosotros. La «era progresista» como de seguro la llamarán en los tiempos venideros. Como una locomotora que contra viento y mareas salió hace muchos años cargada de esperanzas.
Su viaje fue heroico y muchas veces apelando a la prepotencia y al sufrimiento intentaron detenerla.
Pero no hubo con qué darle porque iba impulsada por la fuerza de los sueños y de la fe en esa «luz puntual» que sabíamos estaba esperando al final del camino. Ese tren llegó con sus vagones repletos de idealismo y de justicia social para los que ya no pueden esperar más tiempo. También en uno de sus vagones carga la memoria. Porque no hay futuro si perdemos la memoria. En esa locomotora se superponen sueños y realidades y se mixturan el pasado, el presente y el futuro.
La cadencia de los recuerdos nos lleva al Montevideo del ayer. Y nos vemos muy pibes, allá por la década del 20, cuando el purrete que aún llevamos dentro salía corriendo para vichar al ferrocarril. En una esquina cercana da la estación Bella Vista, ese gurí con los bolsillos llenos de bolitas de vidrio, miraba las hileras de ventanillas donde a veces alguna mano respondía a su bracito levantado. Se ponía muy seriecito y su repetido gesto, su mano elevada se extendía hacia un cielo muy azul que era el de la infancia. Días en que el ferrocarril tenía gran popularidad y el pibe jugaba solitario a memorizar los números y letras que aparecían y ya se esfumaban al costado de los recién pintados vagones. tanta era su pasión que a las dos de la mañana, ahí lo tenemos muy despierto aguardando desde su ventana el paso del llamado «tren de la leche». Recibía tal denominación por transportar hacia la capital una extensísima fila de vagones repletos de tarros de leche. Todo el barrio Capurro salía de su sueño profundo ante el ruidoso repiqueteo sobre los rieles y más aún por el barullo de los tarros un característico e irrepetible sonido. Los laburantes utilizaban mucho al ferrocarril para ir y venir de sus trabajos.
Estamos viendo al famoso «tren de la Barra» subiendo por Agraciada y La Cuchilla de Belvedere. Entre esos pasajeros de tiro corto se establecían cotidianas complicidades. El que no viajaba le prestaba a otro su abono y hasta compartían algún refuerzo de sabrosón queso. Fraternos vagones obreros donde el mate afincaba aún más el solidario sentimiento de sentirse iguales y hermanos. Bajando una tabla que había entre los asientos se jugaba un truquito o un pícaro dominó. Sube un guitarrero y entona canciones del «morocho del abasto» o alguna querendona milonguita.
Una estampa de ese tiempo era la Estación Central y sus puestos de comidas. En un extremo estaba la parrillada Del Ferrocarril que en sus inicios fue un rincón nada pituco y si bien popular donde vendía «un clarete semillón tan rojo como el atardecer que veíamos caer entre las vías. Ahora llega otra locomotora y está cargada de futuro.
Con más recuerdos y música los esperamos todos los sábados a las 19 horas en el a1410 AM LIBRE. *
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