LOS HIPER Y SUPERMERCADOS NO HAN PODIDO CONTRA SU ENCANTO

Resurrección y cambio del viejo almacén

Si la historia de Montevideo admitiera ser contada a partir de sus almacenes, se podría llegar a la conclusión que la ciudad mantiene un delicado equilibrio entre tradición y modernidad en estos primeros años del siglo XXI.

Reciclando el almacén

Libreta de fiado contra tarjeta de crédito, la atención personalizada del «almacenero amigo» versus variedad de productos y música funcional. Entre el almacén y el supermercado cada cual intentó buscar un público adicto, la lucha de los supermercados, y luego de los hipermercados, se comenzó a dar entre colosos transnacionales para captar a los sectores de mayores recursos, mientras que los peces chicos van al reencuentro con el vecino que estuvo a punto de perderse entre las góndolas de estas mecas del consumo.

«A finales de los ochenta, surge un fuerte impulso de recambio por parte de muchos almaceneros quienes comienzan a transformar su comercio del viejo estilo, por una estructura y un diseño que elimina el mostrador, que resulta para muchos una barra de contención, coloca pequeñas góndolas y estanterías y se convierten en los denominados autoservicios. Otros prefirieron seguir con su mostrador y su mano a mano con el cliente, mientras las nuevas generaciones de almaceneros, buscan asesoramiento en Cambadu para sus proyectos de cambio o de imagen en su comercio», nos dice Daniel Fernández, presidente de Cambadu, la gremial que los agrupa.

Imágenes de «caros»

Para muchos los almacenes o comercios de cercanía, como los denominan actualmente dentro de Cambadu, tienen imágenes de caros en relación a las grandes cadenas de supermercados, siendo esta una percepción bastante generalizada en los consumidores. Sin embargo, según datos propios y de fuentes externas, Cambadu ha llegado a la conclusión que las diferencias de precios se han reducido en los últimos tiempos y hoy se encuentran equiparados con la mayoría de los comercios de cercanía.

Fernández afirma que esta competitividad en los precios se ha conseguido a pesar de que los almaceneros compran en condiciones desventajosas frente a las grandes cadenas, básicamente por la escala. «Esto se ha logrado a costa de la reducción en los márgenes de ganancia y a partir de las mejoras en las compras, en algunos casos debido a lo que denominados Grupos de Compras y por menores plazos de pago», termina diciendo.

La crisis de 2002

Luego de una larga temporada de furor alentada por la inflación, la dolarización y las tarjetas de crédito, los supermercados lograron acaparar importantes cifras de ventas de comestibles, junto con la llegada de los hipermercados, que arribaron de la mano de capitales extranjeros. Fueron los años de mayor auge del supermercadismo hasta la crisis del año 2002.

«Ese año, con toda la conmoción creada por la crisis bancaria, los comercios de cercanía comenzaron a recomponer su posición. El aumento de la desocupación, la caída de los salarios, obligan a una planificación menos histérica y más austera de los gastos, llevando a un mayor ajuste del presupuesto doméstico, y entonces, muchos vuelven la mirada al almacén o al autoservicio. Con la crisis el almacén volvió a crecer y el súper se estancó», sostiene Daniel Fernández.

Cuando un sector crece lo hace en detrimento de otro. Así surge de los datos aportados por Cambadu. A mediados de 2003, en Montevideo, los comercios de cercanía acaparaban el 59% del volumen de ventas, un año después, a mediados de 2004, las cifras se elevaron a un 76%, dentro de una canasta integrada por 35 artículos que incluían alimentos, bebidas, cosmética y limpieza. A ello habría que agregar la venta en las ferias vecinales.

El canal de ventas que más creció, en lo referente a locales, es el de los autoservicios o minimercados, que aumentó un 30%, mientras que los supermercados mostraron una baja locativa del 7,4%. En el interior del país, fue aún más significativo con algunas variantes por zonas.

En los últimos tiempos la última novedad y estrella de las compras al menudeo son los autoservicios de 24 horas. Los hay de forma variada, algunos son oscuros y desaliñados, otros iluminados y prolijos. En algunos casos fueron kioscos que en su afán de prosperar se convirtieron en pequeños comercios con un desordenado surtido de golosinas, cigarrillos, vinos, cervezas, refrescos y comestibles varios, ellos brindan un servicio elemental para noctámbulos y compradores poco exigentes.

En pie, a pesar de todo

Daniel Fernández afirma que los almacenes siguen estando en todos los barrios de Montevideo, de La Teja a Malvín, de Maroñas a Pocitos, de Aires Puros a Punta Carretas, siempre de acuerdo a la fisonomía, a las características y al poder adquisitivo de los habitantes de cada barrio.

«El enemigo del comercio de cercanía, no es el supermercado, como muchos creen, con él debemos convivir, nuestro enemigo es el comercio informal, el que evade los impuestos, así se lo hicimos notar al gobierno electo hace unos días en una reunión que tuvimos con algunas de sus futuras autoridades», afirma nuestro entrevistado.

La entrada del supermercado

Sostienen que el primer supermercado de América Latina abrió sus puertas en la ciudad balnearia de Mar del Plata en diciembre de 1951 y poco después una cantidad de almaceneros eligieron saltar del mostrador a los autoservicios. Atentos a la estrategia de reunir bajo un mismo techo a la mayor y la más variada cantidad de compradores, estas especies de ciudadelas del consumo se expandieron con inusitado vigor y en nuestro país comenzaron su actividad a partir de los años setenta, cuando en Montevideo se instaló el primer supermercado en la zona de Pocitos, y la ciudad contaba con alrededor de 4.500 almacenes dispersos en todos sus barrios.

«El supermercado, es un subproducto de la cultura del automóvil, junto con el aumento significativo del parque automotor crece el supermercadismo que entra en todos los barrios con mucho vigor. Resulta más cómodo llegar al supermercado, con una buena playa de estacionamiento y cargar todo en el auto, en especial para sectores con cierta holgura económica. Pero a pesar de todo, el almacén sigue en pie y podemos decir que hoy, en Cambadu, tenemos un caudal social de 3.300 socios», termina diciéndonos Daniel Fernández.

Ni la góndola cargada de variados productos, ni la comida congelada, ni la tarjeta de crédito, ni todo el resto del arsenal publicitario y de marketing que despliegan las superficies de los supermercados, lograron quitar del medio al viejo almacén de barrio, que mantiene, porfiado, su lugar a pocos metros del consumidor. Hoy, el envasado pasó a ocupar el lugar del papel de estraza con que se envolvían los productos y la balanza mecánica cedió su espacio a la electrónica de precisión que calcula el precio exacto, a pesar de todos los cambios, será siempre el «almacén del barrio».*

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