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"La Cachimba del Piojo"

El salón donde Tabaré Vázquez presenta a los nuevos integrantes de su gobierno estaba repleto. Cámaras, micrófonos y periodistas por todos los rincones.

Esa tarde los nombres se sucedían en la serena voz del Presidente electo. De pronto, al mencionar al sacerdote Uberfil Monzón, el rostro de Tabaré se ilumina.

La fuerza de los recuerdos quiebra el protocolo de esa presentación y el Montevideo de ayer, sus barrios populares y los sitios entrañables dicen presente. Surge un nombre de leyenda. La Cachimba del Piojo se hace de un sitio entre todos los que escuchan y se conmueven ante el sentimiento que ese nombre refleja en el conmovido Vázquez. La memoria gira en torbellino. La realidad ya no es solamente este esperanzador presente del gobierno popular sino que también es el ayer donde el hombre más votado tiene afincada muchas vivencias. Es la vieja cachimba donde desde muy pibe corría detrás de la guinda en picaditos futboleros. Y «El Vencedor» fue y será el cuadro que desde el pasado muestra sus moñas, gambetas y tremendas trancadas. En esos instantes, por la memoria de Tabaré desfilan apellidos como los Montes de Oca con tantos afectos compartidos. Es que en ese humildísimo barrio, en esa Cachimba del Piojo de Carlos María Ramírez y Humboldt es donde los recuerdos piden cancha. Proletario testimonio de la histórica La Teja, eso es ese rincón y tantas cosas más que pegan fuerte en el cuore que por algo lo llevamos en la izquierda. La leyenda de la Cachimba y sus lejanos orígenes están vinculados a personas que desde la pobreza luchaban para cumplir sus laburantes destinos. Cuentan que las primeras lavanderas llegaban desde lejos para lavar en esas aguas los atados de ropa que traían cargados sobre sus cabezas. También venían carritos tirados por matungos que luego se marchaban con sus tanques repletos de agua. Todo el ajetreo de las barracas de cuero y de los saladeros de Nuevo París también necesitaba la fresca agua que manaba sin cesar. Los troperos que llegaban de campaña dejaban su ganado en la Cachimba y luego se dirigían a los boliches de Plaza Lafone. En esos humildes ranchos nacieron personajes imborrables. Uno de ellos fue Servando Ruiz «El Boyero», carnavalero de pura cepa. Pero, en esa tarde de conferencia de prensa, los recuerdos del cura Monzón también golpean fuerte al surgir el nombre de la Cachimba. Se está viendo, muchos decenios atrás, viviendo con esos vecinos y respetándolos. Junto al Pepe Veneno y a Lucía Topolansky, luchando codo a codo para que los ranchos de lata pudieran ser dignas viviendas. Son los tiempos en que luego de mucho trabajar pudieron, al fin, inaugurar la primera policlínica que tuvo esa barriada. Los recuerdos van y vienen por la calle Heredia, ahora llena de carritos de los que meten pa’delante, no aflojan y luchan por tener su lugar en el mundo. La botijada de los merenderos pide que no la olvidemos. Porque suprimir los basurales de la zona es algo impostergable para que esos vecinos puedan vivir dignamente. La Cachimba del Piojo, recuerdos compartidos entre el compañero Presidente y un cura luchador. Todo un símbolo de lo que recién comienza y ya tiene tanto trabajo por hacer. Con más recuerdos y música los esperamos todos los sábados, a las 19, en la 1410 AM LIBRE. *

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