"La falta de una política en el uso de agrotóxicos pone en riesgo la salud de la población"

Un estudio sobre el residuo de agrotóxicos presente en frutas y hortalizas que se comercializan en Uruguay -recientemente dado a conocer por la Asociación de Productores Orgánicos y el ingeniero agrónomo Pedro Mondino, de la Cátedra de Fitopatología de la Facultad de Agronomía- estableció que «de un total de 191 muestras analizadas entre frutas y hortalizas, en el 28% de las mismas no se detectó presencia de pesticidas, el 65% corresponde a muestras que presentan al menos un residuo de agroquímico detectado por debajo o en el Límite Máximo de Residuo (LMR), y por último un 7% se detectó residuos que estuvieron por encima de los LMR establecidos por el Codex Alimentarius».

La nutricionista Estela Fernández del departamento de Alimentos de la Escuela de Nutrición recomendó «consumir frutas y hortalizas, ya que es necesario para el organismo y se debe continuar con ello a pesar de la existencia de agrotóxicos. Es recomendable realizar un lavado con hipoclorito tal cual lo aconseja el MSP o el pelado de las frutas, aunque se pierdan algunos nutrientes». Asimismo, indicó que el estudio mencionado «nos induce a crear los mecanismos de inocuidad y exigir una buena práctica».

MSP aconseja

La directora del Departamento Salud Ambiental y Ocupacional del MSP, la epidemióloga Jaqueline Ponzo, y la doctora Carmen Ciganda del mismo departamento, indicaron las medidas generales para eliminar parcialmente la presencia de residuos agrotóxicos en frutas y hortalizas, y principalmente las bacterias. En primer lugar, el lavado en forma de arrastre (bajo el chorro de la canilla) de las frutas y verduras con abundante agua potable y jabón, cepillar en superficies rugosas, como zanahoria. En segundo lugar, inmersión de los mismos en agua con hipoclorito (una cucharadita de té por litro de agua, es decir 5 cm3) para eliminar alguna bacteria resistente. Finalmente, extracción de hojas externas en el caso que corresponda y en otros casos pelarlos.

Como medidas generales de prevención, Ciganda añadió: «No tener plaguicidas dentro del domicilio. Mantener retirado del alcance de los niños. Colocar plaguicidas en recipientes claramente rotulados y mantenerlos bien cerrados. Tratar de comer alimentos variados, no sólo por el equilibrio de la dieta, sino también para no exponerse a altos niveles de agrotóxicos por acumulación».

No obstante, Ciganda destacó: «Ni el jabón ni el hipoclorito eliminan en su totalidad los agrotóxicos, porque ellos están instalados en la cáscara y algunos otros en su interior. El plaguicida actúa en todo ser vivo, agua, alimento, ser humano, etc. Por eso es importante la educación y la toma de conciencia. Su acción y efectos van ligados a la dosis aplicada y al porcentaje de residuo instalado en el nutriente».

Asimismo, la doctora Ciganda, quien ha desarrollado un estudio de las diversas investigaciones en nuestro país sobre los efectos de los residuos agrotóxicos en el organismo humano, señaló: «En los años 60 el pediatra Bauzá analizó la presencia de plaguicidas en tejidos humanos y encontró que en mujeres residentes en Montevideo, sin contacto directo con plaguicidas, su leche materna poseía órganos clorados (un tipo de agrotóxico). Por lo cual la hipótesis del estudio establecía que los mismos llegaron a través del consumo de alimentos.

Otra investigación realizada por la década del 70-80 a cargo del Departamento de Toxicología de la Universidad de la República -con la participación de las toxicólogas Mabel Burguer y Jenny Pronzú- comprobó que en la sangre de pobladores montevideanos y en población expuesta directamente a los agrotóxicos encontraron residuos de órganos clorados. Asimismo, en el año 2.000 el mismo departamento analizó el tejido graso del cáncer de mama y encontró la presencia de órganos clorados».

Efectos agudos y a largo plazo

Consultada respecto a las consecuencias de estar en contacto o ingerir residuos agrotóxicos, la doctora Ciganda especificó: «Entre los efectos agudos o inmediatos podemos encontrar dolor de barriga, náuseas, diarrea, tos, irritación ocular, eritema, etc. En relación a los efectos crónicos hay muy pocos estudios en el Uruguay, pero podemos encontrar ciertas enfermedades asociadas como ser problemas respiratorios, bajo peso, mal formaciones, cáncer, aborto, etc. Lo que más importa es estudiar los efectos crónicos: endócrinos, cáncer, inmunodepresión», enfatizó.

Jaqueline Ponzo, directora del departamento habló sobre la necesidad de aunar y coordinar esfuerzos: «Debemos lograr desencadenar acciones coordinadas entre todos las instituciones involucradas. Existen carencias en las normativas y controles que aseguren el cumplimiento de las mismas; porque muchas veces se manipula el producto sin conocer sus consecuencias.

Este tema es muy importante dado que los efectos de los contaminantes químicos son más importantes que los de los contaminantes biológicos que producen diarrea, hepatitis, por ejemplo. Sucede que con los plaguicidas resulta difícil relacionar la causa y efecto en el organismo». *

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