PRIMERO MALA PRAXIS, ESA "MALA PALABRA"; DESPUES EUTANASIA

Otra vez el Clínicas es demandado por deficiencias en la asistencia

Roxana Suárez es una montevideana de 43 años que hasta diciembre pasado llevaba una vida normal. Además de realizar su trabajo como empleada doméstica, cuidaba del bienestar de su familia compuesta por su esposo y tres hijos adolescentes. A mediados de año un pequeño incidente laboral (una varilla golpeó su cabeza mientras limpiaba), motivó que Roxana consultara al médico por cefaleas y ocasionales entumecimientos faciales.

Luego de una serie de exámenes los profesionales diagnosticaron a la paciente que sería necesario intervenir quirúrgicamente, puesto que poseía un pequeño tumor, que en un período de tiempo que no se podía precisar determinaría la pérdida de la audición y el atrofiamiento de músculos faciales. Según informaron los médicos a la mujer, el postoperatorio no sería superior a quince días.

Orlando Silva, esposo de Suárez, dijo a LA REPUBLICA que nunca habría consentido la intervención si hubieran sido informados respecto a los riesgos que implicaba. «Sólo dijeron que como máximo podía ocurrir la pérdida del oído derecho, nervio facial derecho y pérdida parcial del movimiento del párpado derecho».

La operación se efectuó el 6 de diciembre, de acuerdo a lo informado por los médicos «sin complicaciones». Sin embargo, unas horas después se informó a los familiares que habían ocurrido algunas situaciones que determinaban riesgo para la vida de la intervenida.

El 9 de diciembre, los galenos comunicaron a Silva que se habían producido infartos cerebrales, por lo que «solo habría que esperar». Luego de insistir en reiteradas oportunidades, el esposo consiguió que el 11 de diciembre un médico le explicara lo que sucedía. «En privado me dijo la verdad de lo ocurrido durante la intervención. Me dijo que los anestesistas se habían equivocado y que habían fallado las máquinas que detectan la entrada de aire y que le habían colocado mal un cateter. Le pregunté tres veces si era mala praxis y dijo que sí».

Errores, puede ser, pero ¿eutanasia?

Como consecuencia de esos errores, la mujer -que entró por sus propios medios al hospital- padeció una embolia cerebral que es responsable de su actual estado vegetativo.

Silva remarcó que en el transcurso de la conversación antes mencionada el médico le ofreció «en palabras más ortodoxas, una eutanasia para evitar el sufrimiento de ella y la familia». Al pedir a Silva más precisión en sus aseveraciones, éste afirmó que «el médico dijo que ellos le daban algo de a poco y que en unos días se terminaba».

La semana pasada la paciente fue derivada desde el CTI a cuidados intermedios, pero nadie es capaz de asegurar su recuperación. Antes de ese traslado se le detectó la presencia de una bacteria en la sangre, que de no ser controlada podía determinar su muerte; luego del cambio de sala comenzaron a aparecer éscaras y secuelas de la parálisis ocular.

La familia presentó la denuncia correspondiente ante la dirección del Hospital de Clínicas el 14 de enero, pero aún no ha recibido ninguna respuesta. «Sé de manera extraoficial que inmediatamente a que me entrevisté con la dirección – donde le dije que era mala práxis y me respondieron que eso era mala palabra- , llamaron al médico que me había informado y al parecer lo reprimieron por sus comentarios, pero nada más».

Cansados de encontrar solo silencio -aún no se les informó si se realizará una investigacion administrativa -, el esposo e hijos de la paciente presentaron otra denuncia en la Asociación de Usuarios de Salud Pública.

Actualmente la familia inició una demanda civil contra los profesionales que intervinieron a Suárez, por daños y perjuicios físicos, sicológicos y materiales. *

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