Más sobre el televerano
Ayer les hacía notar cómo al llegar el verano todo lo que tenga que ver con la cultura, el entretenimiento y hasta con la información, empieza a ser vaciado de todo contenido aunque tenga el mínimo de complejidad, para evitar que nos veamos obligados a pensar, analizar y horror de los horrores capaz que hasta conflictuarnos un poquito.
No es que en primavera, otoño o invierno las cosas sean muy distintas, pero llegan estos meses y la frivolidad queda autorizada y autenticada por la famosa «Ley de la Vida». Ley que acaba de homologar la Organización Mundial de Comercio.
Decíamos, también, que la tele es la namberuán aplicando este tejemaneje cultural ya que ese es precisamente su «fluido vital». Por lo menos así lo piensan los que la programan.
Nunca se podrá saber qué mierda pasa por el cerebro de un director de programación, porque hasta ahora no se ha podido comprobar que ellos tengan uno.
Y por allí anda Don Francisco, que todavía vive y lucha, que no me deja mentir.
A veces sucede que alguno de estos programadores se equivoca, le erra como a las peras y – ¡Oh, sorpresa de las sorpresas! podemos ver algo que vale la pena.
Me refiero a Los Simpson. Hoy no existe un programa mejor en la televisión abierta de este país.
Sin ninguna duda nos enseña mucho más sobre las debilidades y las miserias humanas que cualquier programa de chimentos de la farándula argentina.
Es mucho más trasgresor que «Zona Urbana», si es que ésta lo fuera.
Nos informa y educa sobre el porqué el «americano medio» sigue creyendo en Bush y lo hace mejor, muchísimo mejor, que cualquier «análisis profundo» realizado por el más connotado Todólogo televisivo.
Nos permite identificarnos con unos y otros personajes, enseñándonos que el hombre es contradictorio y que no hay seres totalmente Buenos o totalmente Malos. Dialéctica, filosofía, sociología…llamale como quieras.
Por eso les pido, programadores: ¡por favor, sigan equivocándose! *
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