LA HISTORIA DE LA SEMANA

El misterio del yeti y el Piegrande

EL COWBOY ROGER PATTERSON

En diciembre de 1959 Roger Patterson, un cowboy de 35 años, casado y con tres hijos que se ganaba la vida en los rodeos, había leído en la revista True un artículo de Iván Sanderson (zoólogo especializado en primates) sobre el «Piegrande»; quedó fascinado con el asunto y a partir de entonces su vida cambió. Vivía en el condado de Yakima en el estado de Washington y al saber que se habían encontrado varias huellas del «Piegrande» en Willow Creek, California noroccidental, viajó a esa zona a hablar con la gente y examinar las numerosas improntas encontradas. Tenía el fuerte y ambicioso deseo de poder ver, fotografiar o filmar a uno.

No pasaba mes en los últimos años que Willow Creek no figurase en las crónicas de los periódicos por esa historia del Sasquatch. Patterson estaba decidido a emprender una expedición pero necesitaba fondos. Así fue que escribió un libro sobre el tema titulado «¿Existen Realmente los Abominables Hombres de las Nieves Americanos?»; era una reopilación de lo que se sabía hasta entonces. La verdad no le fue bien en las ventas pero el cowboy logró publicidad sobre «la caza del monstruo».

En 1964 llegó a Willow Creek y permaneció hasta 1967. Se dirigió a la zona de Bluff Creek donde de acuerdo a la ola de denuncias de los pobladores se había visto al «Piegrande». Allí contrató a Pat Graves como acompañante, quien trabajaba en la construcción de caminos por cuenta del servicio forestal y conocía muy bien el lugar. Graves le mostró a Patterson las huellas encontradas, muy nítidas. Bajaron desde una colina, atravesaron un camino y dieron vuelta alrededor de un viejo campamento forestal. Cada huella tenía un largo de 43 centímetros y un ancho de poco menos de 13 centímetros.

Patterson logró reunir gran cantidad de elementos, testimonios, noticias de primera mano y hallazgos de las huellas del sasquatch. Considerando todo esto, decidió filmar un documental cinematográfico sobre el tema. Así se instaló en Bluff Creek, con la esperanza de encontrar más huellas frescas para filmar. Parecía que no era más que ,ya que últimamente la criatura era asidua frecuentadora de esas montañas.

Patterson fue acompañado por su amigo Bob Grimlin, con quien acampó en el lugar donde terminaba el camino al fondo de Bluff Creek Valley. De allí, día a día, los dos recorrían la zona a caballo, inspeccionando con atención las orillas arenosas del torrente donde las eventuales improntas podían resultar más evidentes.

 

LLEGO EL GRAN MOMENTO

El viernes 20 de octubre de 1967, a las 13 horas y a 32 kilómetros de la costa del Pacífico, entre las montañas costeras de California septentrional, Patterson y Grimlin venían a caballo cuando, de golpe, los dos animales se encabritaron tomándolos desprevenidos. El caballo de Patterson se apartó y cayó hacia adelante. Fue entonces cuando vieron más allá del torrente a unos 30 metros, lo que había espantado a los caballos: era una criatura de contextura maciza, recubierta de pelo oscuro.

Aunque, a primera vista y no obstante la emoción del momento, no había dudas de que tenía todas las características del sasquatch. Estaba allí, delante de ellos y los miraba inmóvil desde la otra orilla, como asombrado por todo ese ruido. Patterson se apresuró a tomar la filmadora. El tiempo de sacarla del saco de la silla, de encuadrar el sujeto, graduar y éste ya se daba vuelta, atravesaba un pequeño claro y desaparecía en el bosque. En esos breves instantes Patterson trató de seguir a la criatura, a la vez que ajustaba el foco.

Al ver la filmación se puede deducir gran excitación, por los saltos de los fotogramas. Son sólo 6 metros de secuencia continua, una veintena de segundos, casi el tiempo que emplea un actor en entrar en objetivo, atravesar diagonalmente la escena sin pronunciar nada y salir por la parte opuesta. El «actor» en este caso atravesó una escena de unos 45 metros y misteriosamente como había aparecido desapareció.

Esta fue la primera vez en el mundo que se obtenía la filmación de un supuesto «Piegrande». Ningún film en el mundo, ni de Hollywood ni aún el primer desembarco humano en la Luna fue visto tantas veces y estudiado por expertos y científicos, analizando fotograma por fotograma, como ese pedazo de película de 16 mm en colores. Y todavía se sigue viéndolo y discutiéndolo y por supuesto poniéndolo en duda. Fue tal la emoción que ni Patterson ni Grimlin pudieron observar estatura, peso o cualquier característica específica de la criatura.

 

AQUEL «PIEGRANDE» SERÍA UNA HEMBRA

Parecía una paradoja pero la primera vez que se filmaba al «hombre mono» o «abominable hombre de las nieves» como se lo concoce en Asia, no sería un macho sino una hembra. Esto lo testimoniaban los dos aparentes senos que colgaban oscilando desde el tórax de la enigmática criatura, como observaron los testigos y se aprecia en las ampliaciones. Otros no están tan seguros. Mientras Patterson filmaba, Grimlin trataba de calmar a los caballos aterrados.

Una duda surgió: ya que la criatura estaba a 30 metros ¿qué fue lo que espantó a los caballos? ¿La aparición imprevista o el olor? En muchas ocasiones los testigos señalaban la presencia de un olor muy fuerte que hacía apretarse la nariz.

Patterson y Grimlin se lanzaron al seguimiento de la criatura apenas había desaparecido detrás del follaje que desde la orilla del torrente se espesaba a medida que se adentraba en el bosque. Pero desistieron por temor a ser atacados, a pesar de no tener aire amenazador. Por otra parte el caballo de Patterson trataba de escaparse llevándose en la silla el fusil. Por eso decidieron volver a la base siguiendo al cauto caballo.

Al otro día los dos amigos y otras personas volvieron al lugar para levantar huellas pero lamentablemente la noche anterior había llovido a cántaros, el torrente era más impetuoso y era un peligro subir a la montaña. A partir de entonces la noticia dio la vuelta al mundo.

 

EL DEBATE SOBRE LA HISTÓRICA FILMACIÓN

La película fue exhibida primero en Vancouver en dos proyecciones, una en la Universidad de la Columbia Británica para un grupo de antropólogos y zoólogos, y otra para la prensa. El film se pasó varias ,y fotograma por fotograma, para analizar los detalles. Los primeros en publicar la noticia fueron Province y Sun. Como suele suceder en estos casos, las opiniones estuvieron divididas. En su mayoría tanto los científicos como la prensa se mostraron cautos a la hora de emitir un juicio.

No se encontraron pruebas de fraude aunque quienes mantuvieron y mantienen su duda tratan de explicar de qué forma pudo haberse filmado. Los críticos manejaron la hipótesis de que podría ser un disfraz hecho por John Chambersj, el mismo que realizó los disfraces y máscaras para la película «El Planeta de los Simios», que precisamente se comenzó a filmar en 1967 y se estrenó en 1968. Don Abbot, un científico interesado en el tema y que había ido a Bluff Creek a investigar, dijo: «No podría decir si es más difícil pensar que el film está trucado o admitir que una criatura de ese tipo existe realmente».

Frank Beebe, naturalista canadiense del museo de Victoria agregaba: «No estoy convencido, pero pienso que el film es auténtico.

Si me encontrase en medio de la montaña y me topara con una cosa como ésta, por cierto no filmaría. Tendría miedo de que hubiera algo humano debajo de la película».

El primero en estudiar varias veces y a fondo el film fue John Green, quien concluyó que la filmación era verdadera. Una de las observaciones fue que la criatura se movía ágilmente sin pesad
ez; si fuera un disfraz su peso impediría un desplazamiento así a cualquier ser humano.

El film también fue estudiado en la ex Unión Soviética por el profesor Igor Bourtev, director de la División Darwin del Museo de Moscú. En 1972 cuando recibió una copia de la cinta original en 16 mm.

Estudió uno a uno los 900 cuadrados de película a fin de establecer la velocidad de los mismos. Su conclusión fue que la velocidad era exactamente de 16 mm. en toda la cinta. El científico afirmó: «A 24 cuadros por segundo hubiese sido un hombre disfrazado… a 16 por segundo no cabe duda que era un animal bípedo».

Más adelante declaró: «Estamos seguros que los antecesores del hombre, que se creía extinguidos hace millones de años, aún existen en la Tierra».

 

OTRAS FILMACIONES

Luego hubo otras filmaciones del «Piegrande» en otras partes del mundo, pero ninguna tan estudiada como la de Patterson. Sobre esas otras filmaciones también las opiniones estuvieron divididas y no se obtuvo resultados concluyentes. *

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