Murgas del ayer
Como sabe que es Carnaval, la memoria está como loca. Quiere seguir cantando y bailando junto a ese gordito picarón que le dicen Momo. No se cansa de acribillarnos con sus ráfagas de imágenes. Estampas de la Vieja Capital cuando las mascaritas agarraban sus pomitos de éter perfumado y Montevideo era una fiesta.
Ahora nos quiere contar sus historias de antiguas murgas. Y al viejo escribidor no le queda otra que chapar la birome y garabatear lo que cuenta su saltarina compañera. Se acerca un ford «a bigote» y a marcha camión retumba el bombo, platillos y redoblante. Murgas del ayer y sus canillitas al lado de los lustrabotas y otros bohemios empedernidos. Románticos que desde el tablado esquinero le daban a su amor por el canto criticón. Ropas muy rudimentarias, maquillaje a corcho quemado con algún colorete y cabezas rapadas con la famosa máquina cero o luciendo desparejos mechones. Todo valía para acentuar el espíritu grotesco y delirante que era su marca de raza. Fueron los seguidores de un linaje traído por los inmigrantes españoles desde sus aldeas donde por febrero los murgueros se desquitaban del alcalde prepotente, de los vecinos hipócritas y ni el cura se salvaba. Por eso en nuestras primeras murgas todo era desenfreno y sátira y las voces en los «cuplés» eran, por momentos, deliberadamente desafinadas. Cantando con la boca de costado, saltos imprevistos y rostros desencajados por la mímica burlesca. Todo servía para agitar al público, al igual que allá en la península ibérica, donde las murgas recorrían todos los rincones del pueblo haciendo saltar por los aires a la aldeana tranquilidad. Apenas llegaban al tablado, aun con el camión en marcha, los murguistas se trepaban sobre los tablones dando grandes brincos. Otros componentes subían a los árboles y postes para a los gritos comenzar con el febril espectáculo. Los ropajes de cruda arpillera teñida en colorinches se adaptaban a ese movimiento perpetuo que imponían a sus cuerpos. Pero la locura y crudos comentarios tenían un límite al llegar «la retirada». Ahí bajaba la fiebre murguera y tocados por los duendes de la poesía sus letras apelaban muy hondo al sentimiento y muchas veces llegaban al lirismo. Añejas murgas que llegan en un caprichoso carrusel de nombre. «7 a 7 es un empate», «Los Pirichitifláuticos» también llamados los reyes de la mímica, «¿Porqué le pegó a la perra?», «Don Bochinche», «La Grande del 30″ y los entrañables «Asaltantes» y «Araca». Por la Villa de la Unión hicieron roncha «Don Timoteo», «Saltimbanquis» y la «Milonga» del imborrable Tito. Personajes de leyenda como el Loco Pamento, Pianito, Cocina, Pepino, Cachela, Céspedes, el Negro Jefe, el Pito y el mago del redoblante Chiquito Roselló. Evocación sensiblera junto a los lectores que ahora mismo están sumando sus añoranzas a las nuestras. Porque de tan alto que saltaban, ¡allí están las viejas murgas!, trepadas al Lucero cantando con toda la polenta una eterna retirada. Con más recuerdos y música los esperamos los sábados, a las 19 horas, en la 1410 AM LIBRE. *
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