Las Llamadas, una fiesta única y hermosa
Entiendo que el desfile en sí resultó nuevamente excelente, en cuanto a la entrega de los participantes, y todo el aporte técnico y de colorido, que cada comparsa, por modesta que fuese, puso al servicio del espectáculo.
Hermosos vestuarios, banderas y estandartes artísticamente confeccionados, donde el buen gusto resultó común denominador, fueron parte del brillo que dio lucimiento a la fiesta.
También cuerpos de baile trabajando muy bien y demostrando que en la inmensa mayoría no había improvisaciones, sino mucho trabajo y enormes sacrificios.
Las cuerdas de tambores fueron otro de los puntos muy altos de las Llamadas, soprendiendo incluso algunas comparsas noveles, por la calidad de sus ejecuciones, lo absolutamente acertado de sus cortes y el muy buen ordenamiento de cada fila, en un aporte fundamental para el lucimiento colectivo.
Otro de los elementos positivos a destacar fue la continuidad, que nos permitió disfrutar a pleno lo que cada comparsa había preparado, sin baches que hiciese tediosa la espera y que por lo general, son motivo de entorpecimientos serios, cuando el público harto de esperar, se vuelca a la calzada en busca del espectáculo que aún no ha llegado a él.
De este acierto la responsabilidad está en primer lugar por el lado de la organización, en particular en la largada y también en la buena disposición de cada agrupación en cumplir con la ordenanza, respetando los tiempos de llegada, de largada y luego, a lo largo del desfile, aferrarse a los tiempos marcados dentro del recorrido, más allá de sanciones por el incumplimiento.
Transgresiones a corregir
La extensión de las Llamadas, pasa exclusivamente por el número de comparsas participantes, por lo que para acortarlo salvo algunos pequeños ajustes, sólo podrá lograrse reduciendo el número de participantes.
Hay en el debe en esta oportunidad la exagerada presencia de gente circulando sin ninguna actividad específica que lo justificase, cosa que se había evitado en el desfile del año anterior.
Volvieron a aparecer los «acompañantes colados» detrás de cada comparsa, algunas más otras menos, y lo que nos llamó la atención fue ver a algunos de estos acompañantes circular más de una vez detrás de diferentes comparsas, en un ida y vuelta notorio que nadie percibió ni impidió.
No creo que sea culpa exclusiva de las comparsas y, es más, me consta que hubo algunas preocupadas por impedirlo, ya fuese cerrando su pasaje con un cartel o pasacalle y en otros casos ocupando ese lugar los propios responsables de la agrupación. Tal el caso de C 1080, donde Cachila Silva cerraba la marcha y con evidentes gestos de contrariedad y enojo procuraba junto a sus colaboradores evitar el acercamiento de la «barra», la que de todas maneras siguió a la distancia, ajena al pedido y sin que tampoco en este caso como en otros, hubiese quienes los frenase.
Tanto estas improvisada hinchadas, como la circulación por la cazada, no son temas menores a corregir.
Uno, porque perjudica notoriamente el atractivo que la comparsa acaba de exhibir con su desfile y que incluso, reglamentariamente los puede afectar con pérdida de puntos.
El otro, porque puede (en el pasado ya lo hizo) generar un tapón humano que corte el desfile y definitivamente esterilice la sacrificada labor de funcionarios y comparseros, por brindar un gran espectáculo.
Creo que en definitiva son temas de organización, que ya esta administración controló, sin ir más lejos, el año anterior.
Las Llamadas, hoy por hoy, es la fiesta popular de mayor significación sociocultural de nuestro país y debemos poner todos el máximo esfuerzo para preservarla, mal que le pese a algunos, que seguro saldrán a la palestra con argumentos seudo libertarios, a la hora de hacer respetar las ordenanzas. *
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