Para que los pájaros no se mojen más
Confieso que sólo una vez el viento logró conmocionarme más que ayer: fue en 1974 en plena selva tucumana. Sin embargo ayer, en este querido Montevideo al sur de todo, nuevamente el dios Eolo logró levantar del suelo mis dos pies al mismo tiempo (debí decir cuatro ya que portaba a mi pequeña hija en brazos).
Pasada una hora del mediodía y convenientemente pertrechado acababa de atravesar el Bulevar Artigas en su cruce con Monte Caseros. El destino era, primero la casa de una amiga de la niña, después la redacción del diario.
Mirá papá, un árbol caído -dijo ella-; mmmm sí -dije yo- tratando de sujetar con firmeza el paraguas al tiempo que me esforzaba en observar lo que había llamado la atención de la pequeña.
Y ahí nomás fue que sucedió: Papá, estamos volando!, alcanzó a decir antes del aterrizaje forzoso unos metros más adelante y mientras yo pugnaba por mantener la línea vertical con ella en brazos. Si amor, volamos, dije entre el asombro y la risa nerviosa.
Así, luego de ser azotados como juncos, logramos mantenernos en pie mientras agradecía pisar otra vez tierra firme.
Pero el milagro aún no había concluido. Tratando de reacomodar las ropas y el paso, de pronto el paraguas escapó de mi mano. No cayó al suelo. No fue arrastrado ni destruido con el desorden propio de la situación: simplemente ascendió. Primero lentamente y luego a mayor velocidad, como si al alejarse del suelo la ley de gravedad lo fuese soltando cada vez un poco más.
Con los rostros azotados por la fina lluvia lo vimos alejarse. Cada vez un poco más, ascendiendo, ascendiendo elegante cual un globo con gas, ascendiendo como elevado por una mano invisible.
Tal vez fueron apenas cuarenta segundos, pero fueron cuarenta segundos en los que Rossina y yo percibimos que a pesar del caos, una mano invisible quería mostrarnos que es posible mantener la calma aún en medio del peor vendaval, en las peores circunstancias.
Y allí fue que volviendo su carita hacia mí justificó todo: «No importa papá. Se voló bien alto, así ahora va al cielo y hace que la lluvia pare para que los pájaros no se mojen más. *
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