HASTA AYER TARDE SE DESCONOCIA A QUE ISLA HABIAN VIAJADO

Final feliz para la pareja uruguaya perdida en maremoto de Tailandia

A sus 23 años Natalia Gallo Albano, bien podía sentirse agradecida con la vida. A los 21 conoció en Montevideo a un arquitecto e ingeniero naval, también uruguayo, con quien comenzó una relación. Para sus padres, era el primer novio que le conocían. Bruno Sibera, uruguayo nacionalizado francés, desarrollaba una pujante carrera en el país galo. Ambos se enamoraron y ella, se fue a París. Continuó sus estudios de arquitectura (en Uruguay, estaba en segundo año de Facultad) y los amplió con otros de diseño del arte. Su pareja trabajaba ya para una empresa coreana con intereses en Francia, y decidieron ir a Asia en las siguientes vacaciones, con una escala en las mundialmente famosas playas de Tailandia.

Allá viajaron y el día de Nochebuena, Natalia llamó por teléfono a sus padres, en el montevideano Pocitos, para saludarles, máxime cuando su padre debía ser intervenido quirúrgicamente ese mismo día de una hernia sorpresiva.

«Natalia dijo que iban a estar en una isla, que no nos preocupáramos si no teníamos noticias de ellos por unos días, ya que iban a un sitio en que no tenían ni cobertura para el celular», cuenta su madre. Ana María Albano recuerda que estaban todos contentos con el resultado de la operación, y al saber que aún en la lejanía, de corazón, estaban todos juntos. «Fue lo último que supimos de ella. Estamos desesperados».

«Desde que se fue mi hija, se me fue la vida», cuenta enjugando los ojos Walter Gallo. El padre de Natalia, convalesciente aún, confiesa haberse fumado a media tarde de ayer dos atados de cigarrillos. «Y no he tomado una copa, porque tengo miedo a tirarme del balcón», remarca. Y aunque apunta algunos detalles de su drama, es evidente que el peso de la circunstancia, le abruma. Su esposa en tanto, apenas puede dejar de atender el teléfono, que la reclama incesantemente.

«Desde que se supo, suena sin parar. Hemos hablado con medio mundo; nos han llamado de casi todos lados, y nosotros intentamos comunicarnos con aquel lugar… pero claro, es algo imposible, es algo que no sabemos cómo…», intenta infructuosamente de encontrar palabras para algo, que no las hay.

«Estamos casi seguros que están en una isla llamada Koh Samui, o algo así estoy casi segura que se llamaba. Nuestro hijo, buscó en Internet y dice que si estaban allí, se salvaron. Pero también pueden estar en otra isla llamada PiPi, adonde van miles de turistas, y que dice la televisión que desapareció», alcanza a explicar la madre que, antes de desfallecer, debe ir nuevamente a atender el teléfono, lo que de algún modo la recompone.

«Esperar, lo único que nos queda es esperar, y agradecer a todos los que se han preocupado, a los que se están preocupando, a los que nos llamaron: gracias», cierra la puerta Gallo, después de apuntar como increíble que a nivel de la Cancillería se hubiera dicho en varios medios de prensa, que no había uruguayos involucrados en la tragedia.

A LA REPUBLICA, fue lo único que no le pareció increíble. *

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