LA HISTORIA DE LA SEMANA

La estrella de Belén, ¿qué fue realmente?

Durante muchísimo tiempo, la estrella que menciona Mateo pasó inadvertida desde el punto de vista astronómico. Casi todo el mundo aceptó la realidad de esa estrella, pero muy pocos trataron de hallar una explicación científica, si es que la hay. ¿Fue realmente una estrella? ¿Cómo una estrella, que en resumen es como nuestro Sol, pudo guiar a unos magos hasta detenerse sobre el lugar en que nació Jesús? La respuesta definitiva no la tiene nadie. Vamos a analizar todas las posibilidades desde un punto de vista racional.

La «estrella» de Belén un sol

Gracias a la astronomía sabemos que una estrella, como es nuestro Sol, es un inmenso globo de gas. Hay más de 100.000 millones de estrellas en nuestra galaxia La Vía Láctea, y existen más de 100.000 millones de galaxias en el universo conocido. Hay distintos tipos de estrellas: gigantes, enanas, de distintos colores dada su distinta temperatura, de distinto tiempo (unas duran más tiempo que otras aunque todas duran miles de millones de años), de distinta masa y densidad, etc. Nuestro Sol es una enana amarilla de unos 6.000 grados en su superficie.

Aún las estrellas más pequeñas, son enormes, gigantes, comparadas con la Tierra. Sus tamaños son descomunales; baste recordar que para formar un astro como el Sol se precisarían 1.300.000 cuerpos como la Tierra. De ahí que cualquier estrella visible a simple vista en el cielo, es vista en TODO el mundo. En el evangelio de San Mateo se lee que la estrella que condujo a los magos a Belén, evidentemente fue vista sólo por ellos, y es más, los condujo hasta el lugar donde nació Jesús. En el capítulo 2, versículo 9 se lee: «… y la estrella, que habían visto en Oriente, iba delante de ellos hasta que se posó sobre el lugar donde estaba el niño…» O sea que no sólo los guiaba sino que se detuvo sobre un lugar específico. Y evidentemente sólo ellos podían verla porque de lo contrario muchos más hubieran llegado al lugar, entre ellos el temido Herodes que quería matar a Jesús.

Lo que queda claro en primer lugar es que la «estrella» de Belén no fue una estrella. Una estrella si se observa a simple vista, es observada por todos y no sólo por algunos, más allá que los magos fueran entendidos en astrología. Más aún en aquellos tiempos en donde la observación del cielo era más frecuente que en la actualidad, en donde entre otras cosas no molestaban las luces de las ciudades modernas que impiden la observación clara del cielo. No; definitivamente la «estrella» de Belén no era una estrella.

La «estrella» de Belén una supernova

Las estrellas, como quedó explicado, tienen distintas masas. Los estudios de la astrofísica sobre la evolución estelar permitieron saber que aquellas estrellas de mucha más masa que nuestro Sol, por ejemplo 8 ó 10 veces más masa que la solar, al término de su vida explotan y terminan como pulsares (estrellas de neutrones que quedan reducidas al tamaño de una ciudad luego de la explosión). Esa explosión provoca obviamente un aumento de brillo muy visible en la estrella que explotó; esa estrella aumenta su brillo cientos o miles de millones de veces con respecto al brillo anterior y por supuesto eso es visible en el cielo por cualquier observador. A esa estrella que explotó se denomina supernova. Esto hace que en una parte del cielo donde antes no se veía nada, luego de la explosión pueda verse una estrella, pero el brillo de la misma con el tiempo desaparece.

Las explosiones de supernovas no son abundantes en nuestra galaxia. En tiempos históricos se tienen registros de pocas supernovas. La más antigua fue la que explotó en la constelación de Tauro en el año 1054 originando su explosión a la Nebulosa del Cangrejo y que fue documentada por astrónomos chinos; fue tan brillante que pudo verse de día durante varias semanas. Otras de iguales características fueron observadas en 1572 y 1604. Los astrónomos estiman que debería haber por término medio una supernova cada 50 años. En el verano de1987 explotó una supernova situada a 175.000 años-luz en la galaxia llamada Nube Mayor de Magallanes, una galaxia satélite de la nuestra.

Si la estrella inicial tiene 30 ó 40 veces más masa que la solar, luego de explotar se transforma en un agujero negro, una estrella que luego de la explosión se reduce a tamaño cero. Tiene tanta fuerza de gravedad que ni siquiera la luz puede escapar de ella. Allí ya no se cumplen las leyes conocidas de la física.

Una vez más, si los magos hubieran visto una supernova, ésta evidentemente tendría que haber sido vista por varias personas y no sólo por ellos.

La «estrella» de Belén un cometa

Los cometas suelen observarse como un punto poco brillante rodeado de una nebulosidad extendida en forma de estela luminosa con una o varias prolongaciones siempre en dirección opuesta al Sol; la famosa cola. Cuando se van alejando del astro rey se van reduciendo hasta perderse de vista por completo; o sea que al igual que las supernovas, los cometas son sólo observables por un período limitado: varios días, semanas o incluso meses.

Los tamaños de los cometas son enormes; cualquier cometa es mucho más grande que la Tierra, sin embargo su masa no es muy grande. La verdad es que desde 1800 hasta 1986 no se vieron más que unos 30 cometas que fueron realmente espectaculares, siendo el más famoso el Halley. Existen muchísimos cometas; como dicen popularmente los astrónomos: se descubren cometas todos los días. Por otro lado, todos los años se pueden observar uno o dos cometas a simple vista o con prismáticos, aunque por su escaso brillo son difíciles de ubicar.

Los cometas son cuerpos pequeños de pocos kilómetros de diámetro cuya cabeza está formada por fragmentos sólidos de regular tamaño y multitud de fragmentos mucho más pequeños envueltos en hielo debido a los gases que también entran en su formación y cuando se encuentran lejos del Sol se hielan. Al acercarse al Sol comienza a volatilizarse formando una aureola que rodea al núcleo y luego el denominado viento solar formará la famosa cola del cometa (para más información sobre los cometas ver «Dimensión Desconocida» N° 5).

Pero otra vez, al igual que las estrellas y las supernovas, una vez que un cometa es visible, lo es para cualquier observador de la Tierra y no sólo para algunos.

La «estrella» de Belén como «estrella» fugaz o meteorito

Esta posibilidad no resiste la mínima prueba pero igual la analizaremos. Las «estrellas» fugaces no son gran cosa. Para empezar no son estrellas aunque dan la sensación de serlo. Son pequeñas partículas interplanetarias que sólo tienen el tamaño de un grano de arena o una cabeza de alfiler que al penetrar en el aire de nuestra atmósfera por fricción se recalientan extraordinariamente y se electriza volviéndose incandescente y se volatiliza.

La verdad es que nunca vemos a la llamada «estrella» fugaz sino a la estela de los gases ionizados que dejan tras de sí estos pequeños fragmentos. Generalmente aparecen a 120 kilómetros de altura y desaparecen hacia los 60 kilómetros recorriendo oblicuamente un centenar de kilómetros. A esa distancia un faro de 8.000 watios sería apenas visible pero los meteoritos son visibles porque se están consumiendo a más de 1.000 grados. Su vida es muy corta: una fracción de segundo para las más fugaces o de 2 a 4 segundos para las más duraderas.

Su origen se debe a que son pequeñas partículas dejadas por la cola de los cometas que orbitan alrededor del Sol (para más información sobre las «estrellas» fugaces ver «Dimensión Desconocida» N
° 4).

El próximo domingo trataremos la hipótesis más probable y aceptada: la «estrella» de belén una conjunción planetaria. *

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