ABARATAN PRODUCTOS, AUMENTAN LOS RIESGOS, PERO CAEN LAS VENTAS

La pirotecnia nuestra de cada año multiplica su peligrosidad

Si las bombas «brasileras» tienen prohibición de venta desde tiempos inmemoriales, ello fue en verdad bastante después que sustituyeran a los «revientaportones», capaces de abrir las hojas de hierro forjado de portales más añejos todavía. Lo cierto es que de aquellos días, a la fecha la pirotecnia en Uruguay ha sufrido una metamorfosis impresionante, y casi invisible para los usuarios. Lo único concreto sigue siendo su peligrosidad, con entre media y una docena de atendidos cada año a nivel del Instituto Nacional del Quemado, como consecuencia directa del festejo. Dolor de cabeza también para los Bomberos, a quienes compete el control de los depósitos de artículos inflamables, pero nadie denuncia almacenar las toneladas de pirotecnia que se venden en el centro capitalino, por ejemplo. Ni que hablar de la media docena de incendios promedial, que cada año generan las distintas variantes de la pirotecnia. Preocupación también para la Intendencia de Montevideo, que registra, e hipotéticamente controla a los vendedores ambulantes de pirotecnia, aunque ninguno cumple la obligación de tener un extinguidor. Por si fuera poco, desde que la última fábrica comercial de pirotecnia (la hay estatal como veremos) cerrara la importación de productos con niveles de calidad incontrolables, se multiplicó, pero no precisamente los de mejor calidad. Hoy, la mayoría de la pirotecnia es china, y, aunque chinos fueron sus creadores, la tradición de calidad milenaria, parece haberse deteriorado bastante con los años.

 

Prendé la mecha

Los chinos bautizaron hace más de dos mil años sus juegos con pólvora, como «los fuegos del aire». Y si bien actualmente constituyen una técnica especialmente avanzada (la pirotecnia), en Uruguay, solamente a nivel militar se los continúa produciendo dentro de estándares de calidad homologable. A nivel del Batallón de Comunicaciones II, el Ejército Nacional fabrica material pirotécnico, que comercializa exclusivamente con instituciones, a las que vende y detona, los productos. Creado en 1934, por Antonio Armagno, quien había trabajado nada menos que en la francesa Maison Rougerie, uno de los centros de la especialidad mayores del mundo, el taller de pirotecnia militar lleva hoy el nombre de su creador. «Es una pirotecnia de la mejor calidad», afirmaron fuentes castrenses. «Es cierto, pero es carísimo contratarlos», aseguran los comerciantes.

Lo concreto es que si bien durante 2001, el Ejército fue contratado para media docena de espectáculos, luego de la crisis de 2002, dicha comercialización cayó a su mínima expresión.

A nivel privado, la fabricación de fuegos artificiales en Uruguay, prácticamente desapareció. La competencia impuesta por los productos brasileños y argentinos, a comienzos del Mercosur, e incluso más allá del contrabando, fue a su vez doblegada por los productos chinos, cuya variedad y precios, principalmente, definieron el mercado. Las bengalas «Zig-Zag», corrieron igual suerte que los fósforos Ancla para encenderlas.

Los fuegos artificiales han evolucionado a pesar de la crisis: escapando a su primigenio destino, hoy es posible encontrar en las «páginas amarillas» de la guía telefónica, espectáculos para cumpleaños, bodas y otros eventos, basados en esta especialidad.

El «quit» más económico para estos festejos ronda los 350 dólares y el más costoso disponible, alcanza los 5.000 dólares. Las empresas ofrecen la posibilidad de importar posibilidades desconocidas en estas tierras, pero a precios que suben más rápido que cualquier cañita voladora.

 

La mecha arde…

Si algo benefició a la precaución en el tema, fue la crisis. Es que hasta hace tres años se importaba prácticamente el doble de material pirotécnico que en la actualidad. Algo que cualquiera que circule por Montevideo constatará, en tanto los puestos de venta «irregulares» son menos. Cabe la precisión «irregulares» en tanto la Intendencia capitalina ha procurado regularizar la situación: en 2002, registró más de 600 vendedores, en 2003, más de 500.

Para estas Fiestas, las inscripciones cerradas ayer, ya superaban el medio millar. La IMM exige solamente a los vendedores, tener más de 18 años y poder demostrar el origen legal del producto; además a partir de este año les cobra 200 pesos, por el trámite. Lo curioso es que aún cuando empezó a cobrarle los 200 pesos, nada ha hecho para aplicar su propia exigencia: la IMM exige a los vendedores tener un extinguidor. Casi nadie lo tiene. «El que tiene para comprar un extinguidor, no va a estar vendiendo cohetes en la calle», sentencia un vendedor.

La IMM afirma carecer de competencia sobre la calidad de lo comercializado.

La calidad y seguridad de la pirotecnia en el mercado, compete exclusivamente al Servicio de Material y Armamento del Ejército, encargado de autorizar o prohibir determinados productos. Escueta y oportunamente, el arma dijo a LA REPUBLICA que «realiza controles de calidad sobre todos los artículos pirotécnicos que ingresan al país; estos controles se orientan además de aspectos físico-químicos al funcionamiento, el que debe ser seguro y previsible por ejemplo el tiempo de quemado de la mecha de encendido debe permitir al usuario tomar distancia.

De acuerdo al efecto producido y la magnitud del mismo los artículos se clasifican como venta libre o para espectáculos».

 

Corré que explota…

A la Dirección Nacional de Bomberos, compete controlar todo depósito de elementos considerados peligrosos. La pólvora, obviamente.

No obstante, preocupa a los técnicos de Bomberos el que cualquier accidente o descuido, pudiera generar siniestros principalmente en donde los vendedores callejeros suelen guardar sus productos, en tanto, nadie ha solicitado la inspección obligatoria. Este almacenamiento, que ha originado verdaderas tragedias en países vecinos, tampoco es desconocido en la historia de la lucha contra el fuego en Uruguay. Pero los Bomberos, carecen también de competencia en el control de calidad de la pirotecnia.

Y este aspecto bien podría ser considerado vital a la hora de medir la seguridad del producto. Los márgenes de ganancia para importadores y comerciantes, apenas alcanza a entre el 5% y el 8%, cuando los productos son fabricados en el Mercosur, pero pueden trepar hasta el 50% cuando son de origen chino.

Las tres distribuidoras existentes en Montevideo, coinciden así en que «el mercado es todo chino, lo último que queda brasileño es la bomba tradicional, y la bombarda».

Descartan comentar en absoluto los márgenes de seguridad que ofrecen los productos, enfatizando que «todos están aprobados».

Los mismos fuegos artificiales, están hoy prohibidos en Estados Unidos y en la Comunidad Europea. En Sudamérica, Chile ha sido el pionero en 2002, prohibiendo lisa y llanamente la comercialización de los fuegos artificiales de cualquier origen: para las Fiestas de 2003, el número de accidentes y accidentados por pirotecnia, descendió a la mitad.

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