"Los bailes de la IASA"
Y no por los doctores en leyes que a esta altura ya habían rajado en sus colachatas del famoso 383. La movida venía con ritmos musicales que enloquecían en el baile de la IASA. Por San Martín, Agraciada y General Flores los ómnibus llegaban repletos de las barras que rumbeaban para la calle Yatay. Guirnaldas, cartelones con farolitos de colores y largas colas en las boleterías. El Sud América y sus bailes, todo un símbolo del Montevideo de ayer. Sábado a la noche y los bares de Goes con mesas repletas con muchachos que se preparaban y calentaban la garganta. En el Caballero, Vaccaro, el Balón de Oro y en el viejo Alcalá no se hablaba de otra cosa. Los varones apurando sus tragos y las hermosas saboreando una Bilz Sinalco se hacían las coquetas. Por la década del 60, la comisión de la institución dirigida por Eduardo Paulós organizó espectáculos bailables de leyenda. El éxito estaba en traer luminarias que actuaban entre los movimientos de caderas. En sus pistas se hacía una tregua al merequetengue para deleitarse con las estrellas del momento.
La vez que llegó el jovencito Leonardo Favio y su esposa Carola no cabía un alfiler. Se bailaba al aire libre o bajo techo. Todo vale en un clima de jolgorio y algarabía. Varias pistas con distintos ritmos para todos los gustos. Los «animadores» metían pechera. El Pepe Guillén en la sala Tropical, arriba en la coqueta sala de tanto estaba Héctor Garibaldi, también Mariani y en la Popular del Palacio de la Cerveza había un flaco de bigotitos que ahora se dedica a garabatear estas historias. En la IASA, como le decían los más cancheros, el sonido era espectacular. Fue el primer sitio donde se experimentó con una novelería llamada «sonido estereofónico en tercera dimensión» que instalaron los técnicos de la Casa Sopena.
Después de mucho trabajo, la red de altoparlantes sonaba con inusitada nitidez e increíble potencia. Si eras tanguero o un amante de las recién llegadas plenas y cumbias, la cita obligada estaba en Yatay. Por los carnavales la comisión tiraba la casa por la ventana y apostaba fuerte a las grandes celebridades. Una figurita repetida y armada por todos era el popular Dr. Alberto Castillo que con las lonjas de los hermanos Silva hacía mover hasta a los más troncos cuando entonaba «siga el baile, siga el baile». «También había un sitio para la exquisitez de los maestros del dos por cuatro como el Sexteto Tango y Baffa Berlingheri, sofisticados ejecutantes que marcaban la pausa de la genialidad entre tanto alboroto. Los muy nuestros Antonio Cerviño, Ruben Chilindrón, Villasboas, Puglia Pedroza y Garabito decían presente con sus orquestas de compás querendón. La locura bullanguera venía con la Charanga del Caribe, Combo Camagüey y el Grupo Latino que se sacaban tropicalísimas chispas. La magia del gran Ruben Darelli hacía poesía con esos ritmos tan calientes. Cuando cantaba Alberto Marino todos embelesados con sus tangazos.
Y la vez que nos visitó Julio Sosa ¡bueno! el sentimiento desbordaba en una noche en que el tiempo se detuvo y nacieron las historias. Con más recuerdos y música los esperamos los sábados, a las 19 horas, en la 1410 AM LIBRE.
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