Adelanto científico sin recursos del FNR
Dos mil uruguayos cada año deben ser sometidos a algún tipo de angioplastia, sin lo cual fallecerían, o en el mejor de los casos, deberían afrontar secuelas invalidantes de peso.
Las angioplastias han estado sustituyendo masivamente a procedimientos anteriores, incluyendo la famosa cirugía del by-pass cardiovascular. Al permitir la aplicación de stents, una especie de mallas metálicas que acopladas a la arteria dificultan que vuelva a obstruirse, el procedimiento se difundió en los últimos años, hasta ser considerado una revolución en la medicina vascular.
Uruguay contó con el sistema a poco de su invención: aun cuando caro originalmente, el Fondo Nacional de Recursos alcanzó a sustentar una cobertura adecuada en la especialidad.
Ahora bien, en tanto los hábitos nocivos uruguayos para la salud cardiovascular han cambiado relativamente poco (sedentarios, fumadores, consumidores de grasas), y el número de ancianos aumenta, la necesidad de angioplastias marca una constante gráfica ascendente.
Por supuesto que la aplicación de stents, tampoco ha alcanzado a ser sinónimo de solución eterna. Hasta hace poco tiempo, los stents no podían evitar la reoclusión del «conducto» tratado en aproximadamente, un 20% de los casos. Uno cada cinco pacientes con aplicación de stents sufre problemas posteriores graves, capaces incluso de resultar mortales.
En años recientes un investigador estadounidense de apellido Fuster descubrió, en Rapa Nui (Isla de Pascua), un antibiótico que parecía cubrir condiciones específicas para la reacción negativa principal, la reoclusión, que presentaban pacientes implantados con stents. Al recubrir los stents con el nuevo antibiótico (que recibió el nombre comercial de Rapamicina), las paredes arteriales respondían tan favorablemente, que las remisiones disminuyeron radicalmente: del 20 por ciento al 5 por ciento.
Aunque el avance cundió como reguero en el mundo científico, la Food & Drugs Administration (FDA) demoró en aprobarlo. Los europeos se colocaron entonces a la cabeza en el uso masivo del nuevo procedimiento: para 2004, todos los pacientes intervenidos en los Países Bajos fueron tratados con stents recubiertos de Rapamicina. El resto de la Comunidad Europea avanzó en tal sentido, y la reciente aprobación del fármaco por la FDA norteamericana bien puede decirse que le dio el aval planetario.
A la fecha, el entusiasmo médico en la especialidad es tal que el director del Instituto Cardiológico de las Netherlands, Patrick Serruys, califica a la técnica stent con Rapamicina, como «toda una revolución» y anuncia que es la puerta para convertir a la presente en la década del tratamiento percutáneo, camino de sustitución de la cirugía.
En Uruguay ¿qué?
Altas fuentes del Fondo Nacional de Recursos reconocieron a LA REPUBLICA, que los stents «con droga» (como se los conoce en Uruguay, en tanto ya existen sucedáneos a la Rapamicina en el mercado) son un asunto prioritario, dada la expansión de las patologías vasculares en el país.
El Ministerio de Salud Pública, a poco de conocerse la decisión de la FDA norteamericana, avaló su utilización a nivel nacional. Ahora bien, la diferencia de precios en el mercado internacional, entre los stents convencionales y los «con droga», es abrumadora. Mientras Uruguay paga alrededor de 500 dólares, por el stent que ahora se implanta, debería pagar más de 2.000 dólares por los de última generación.
De más está decir que los recursos del Fondo no admiten ya recargo alguno, en tanto el equilibrio entre cada uno de los programas de atención que debe sostener hace insostenible el más mínimo agregado.
En esta coyuntura la resolución del tema podría parecer incluso sencilla, a no ser porque se le practica angioplastia promedialmente a más de tres uruguayos cada día, de los 365 del año. De estos 2000, 400 reincidirán en la patología, es decir, se les volverán a obstruir los vasos con toda la secuela previsible. De emplearse la nueva tecnología disponible se estima que serían sólo decenas los reingresos por reobstrucción.
«El vademécum del Fondo Nacional aún no financia los stents de más moderna tecnología, pero está a estudio su empleo en aquellos casos en que haya beneficio demostrado, apenas las circunstancias así lo permitan», señalaron fuentes consultadas.
Estadísticamente, el 78% de los uruguayos y el 66% de las uruguayas desarrollará una patología vascular a lo largo de su vida, más de la mitad de las mismas incidirá definitivamente en la calidad de vida del afectado. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad