La columna amarilla

Diálogo confuso

-Buenos días, ¿esta es la oficina donde se registra lo que está faltando?

-No señor, faltaba más.

-Más todavía, con todo lo que carecemos. Esto es como decía aquel: faltó tanta gente que si faltaba uno más, no cabía.

-A mí hay muchas cosas que no me caben.

-¿Probó con algo oleaginoso? También puede probar cerrando los ojos y apretando los dientes.

-Hace decenas de años que venimos apretando los dientes.

-¿Y los ojos?

-Bien, gracias, siempre ahí al costado de la nariz.

-Entre ellos no se pueden ver.

-Pero igual son compañeros.

-No tienen más remedio.

-Ven lo mismo, pero uno un poquito corrido a la izquierda y el otro un poquito a la derecha.

-Sí, hay que tener ojo.

-¿Uno sólo? Será el famoso tercer ojo que va en el medio, en el centro.

-¿Usted se refiere al cíclope? Aquel gigante que en la Odisea se quería morfar a todos. ¿Se acuerda?

-Me acuerdo, sí, pero a mí no me pareció tan gigantesco y además, según dicen, era medio corto de vista. Eso sí, la odisea me resultó un poco larga. Estoy deseando llegar a la última página y encontrarme con la nómina.

-Usted querrá decir el índice.

-Es lo mismo, son sinónimos.

-No se vaya a creer que nombrar este, es lo mismo que hablar de dónde sopla el viento.

-¿Usted habla del punto cardinal?

-Hay puntos y hay cardinales. Dicho sea de paso, cardinal es sinónimo de fundamental.

-Pero hay quien dice que es fundamental sumar los puntos.

-Truco.

-¿A qué se refiere?

-Que dónde se suman los puntos es en el truco.

-Quiero, retruco.

-Vale cuatro.

-No le voy a contestar ahora si quiero o no quiero. Mejor que lo resuelvan los de la otra mesa. *

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