Negocio brillante
Hace un tiempo te conté que en los EEUU vos podías tener una tumba espacial. Un empresa propone poner tus cenizas, las tuyas tuyas, no las de los fasos, en un tubo que es enviado al espacio y queda como pequeño satélite orbitando la tierra.
Ellos, faltaba más, te dicen qué días y a qué hora pasa por allá arriba en la zona que vos vivís, cosa que toda la familia pueda subirse a la azotea y saludar.
También te hablé de varias empresas que ofrecen viajes turísticos a la luna, para cuando sean posibles, y hasta te venden terrenos en ella.
Por si fuera poco este ataque directo a la poesía, al romanticismo y a la loca fantasía infantil, me entero ahora que se puso de moda regalar… estrellas.
Sí, leíste bien, estrellas, esas que brillan en la noche.
Simplemente por Internet entrás en International Star Registry (ISR) y le ponés tu nombre o el que quieras a las estrellas que desees.
Claro que hay que pagar, aquello de sentarse en la rambla y decirle a ella «si me das un beso te regalo el lucero del alba», así gratis y sin pagar impuestos, ya no corre más.
Según la ISR española estos son los precios: 120 euros (sin marco), 170 (con marco) o 220 (deluxe) por estrella. Incluye certificado, carta estelar y libro de astronomía.
IRS ha registrado más de 1 millón de estrellas con el nombre de empresas, celebridades, dignatarios y personas comunes, en todo el mundo.
Ya no se puede creer en nada, aquel asunto de «tomar el cielo por asalto» fue cumplido al pie de la letra no por los revolucionarios a los cuales iba dirigida esa frase, sino por los ávidos señores que todo convierten en mercancía: la muerte, el futuro, la poesía y hasta la imaginación.
Yo, qué querés que te diga, sigo prefiriendo las estrellas fugaces y aquellas que a pesar de saberlas inalcanzables, o justamente por eso, nunca dejaré de intentar tocarlas con las manos. *
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