Con bendición o sin ella, oficialmente hoy se inauguran las playas en todo el país
Por supuesto hoy por hoy, el inicio del tiempo de la metamorfosis de hombres y mujeres en plácidos símiles de lagartos recostados al sol, no se mide por almanaques sino por los registros meteorológicos, razón por la cual, el preestreno de la temporada lleva ya varias funciones en la costa uruguaya, por otra parte, amplia y generosa en tentadores paisajes
Desde donde el sol nace hasta el poniente
Y son miles las opciones. Desde las increíbles aguas del océano Atlántico en la Barra del Chuy hasta su encuentro con el Paraná Guazú, nuestro Río de la Plata y desde allí toda la costa fernandina, con sus dos más importantes balnearios, Punta del Este y Piriápolis, entre decenas más, el cinturón canario y su Costa de Oro desde Jaureguiberry hasta San José de Carrasco y luego la costa montevideana, eslabón playero entre el este y el oeste litoraleño que cambia su punto cardinal en la antológica «playita» del Cerro y desde allí, pasando por Pajas Blancas, Punta Espinillo, Santa Catalina, Punta Yeguas y otras, transcurre increíblemente por lares maragatos con su pionera Playa Pascual y el refugio casi místico en la empinada barranca de los loros del balneario Kiyú.
Y el encanto continúa por decenas de lugares, Arazatí, Bocas del Cufré y luego Colonia , el balneario Santa Ana, las playas arboladas que rodean el antiguo bastión portugués del Sacramento, y las que por la panorámica Rambla América se acercan hasta las inmediaciones del Real de San Carlos y desde allí hasta la Punta Gorda donde el río ancho como mar se encuentra con el Uruguay de los pájaros pintados, transcurriendo antes por las playas carmelitanas allí, por donde desemboca el Arroyo de las Vacas, desde las cuales se pueden disfrutar atardeceres impresionantes y buenos vinos frescos y un poco más allá la histórica Agraciada, Soriano con su balneario de La Concordia, la inigualable rambla mercedaria y su lago del Palmar donde además los amantes del anzuelo y el aparejo encuentran un paraíso inédito y luego Las Cañas rionegrinas hasta proyectarse en las costas salteñas y sanduceras donde se combina el placer del sol, el agua y la arena con la propuesta termal .
País adentro
Pero eso no es todo, porque país adentro también el verano ofrece sol, playas y arena en paisajes plenos de sensualidad y encanto como la costa del río Yi en Durazno, donde por otra parte está habilitada una playa en la que el «toplees» es moneda corriente y es allí entonces que el paisaje tiene aún un encanto agregado.
San Gregorio de Polanco y Paso de los Toros comparten en el Hum indígena (nuestro contemporáneo Río Negro) aguas cristalinas y costas apacibles, mientras en Tacuarembó el Balneario Iporá es orgullo de los gardelianos del «pago más gaucho». Y ni qué hablar del Lago Merim cerrolarguense, o del Cebollatí y las playas del Olimar treintaitresino, del lejano -para los capitalinos- Artigas, su Balneario Municipal y toda la costa del Cuareim, del río Santa Lucía en su descanso arenoso debajo del puente de 25 de Agosto o lindero al viejo parque santalucense, Florida con sus playitas del Yi, Flores con la realidad de su lago Andresito o imaginando y creando un balneario en el arroyo Porongos tratando de escapar a su destino sin «ventana al mar», Lavalleja ofreciendo entre el incomparable paisaje de sus cerros, camping y playas agrestes en arroyos y ríos nacientes y en fin, todo el país «en la cáscara y en la pulpa» hasta el carozo mismo, regalando al criollo y al visitante, la generosidad siempre dispuesta, siempre al alcance de todos, de su clima y sus playas, en el océano, el río, el arroyo, la laguna o la modesta cañada chacarera donde permanentemente habrá un espacio y un rincón para disfrutar al aire libre.
El día de «la Pura y Limpia»
El 8 de diciembre tiene una añeja tradición ligada a las playas en nuestro país. Una tradición que está también unida al hecho religioso de la celebración en esta fecha por la Iglesia Católica Apostólica Romana, del Día de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, tal como figuraba en nuestros calendarios hasta que se produjo la separación de la Iglesia del Estado y pasó a denominarse «Día de las Playas» simple y laicamente.
Hay una breve y cautivante crónica de Isidoro de María cuando recuerda al Montevideo Antiguo, que hace referencia a este día. Y es la que refiere al Baño de los Padres. Decía así el pintoresco cronista costumbrista:
«Donde existe el Mercado del Puerto en la actualidad, era la costa del mar que se llamaba el Baño de los Padres, sin que por eso fuese exclusivo para los reverendos del convento cercano de San Francisco. En la muralla de esa parte que enfrentaba a la guardia de la batería de San Juan, había una abertura que conducía al mar. Una pared de piedra alzada entre ella y la costa servía de parapeto para cubrir a los bañistas por decencia».
«Era ese el sitio preciso para bañarse los religiosos franciscanos, que en el traje de Adán como los demás bañistas -con excepción de las mujeres- se daban un baño. Precedía el comienzo de los baños en la estación del verano, la bendición del agua, ceremonia que tenía lugar el 8 de diciembre anualmente y que aún tiene imitadores en algunas poblaciones de la costa de los ríos Negro y Uruguay. Concurrían a ella la Comunidad con la Cruz y el Padre Guardián bendecía el agua. Antes de esa fecha nadie se bañaba aunque hiciese un calor sofocante o eran muy pocas las personas que lo hacían por no estar bendecida el agua. Era una preocupación como otra cualquiera que se armonizaba con las costumbres de aquellos tiempos. Si se preguntaba a una anciana cuándo empezaban los baños de mar, de fijo que respondía: el día de la Pura y Limpia». Aquella tradición sigue hoy vigente para muchos de los fieles católicos, mientras para el resto de los uruguayos y para los miles de visitantes que se esperan en nuestras playas, aunque se trate el nuestro de un Estado laico, es de esperar que sean las aguas también «Puras y Limpias», como las cualidades de la Inmaculada que la comunidad cristiana invoca en este día. *
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