Estamos pintados

Sólo una ínfima proporción alcanza notoriedad en los medios de comunicación; la inmensa mayoría de estos encuentros no trasciende el ámbito de sus participantes. Hoy precisamente, 8 de diciembre 2004, se reúne el club más poderoso de América Latina, que no es la Junta Interamericana de Defensa ni el Comité Hemisférico de Acreedores, sino la exclusiva docena de mortales que podía puntear «Presidente de la República» en el formulario de invitación remitido semanas atrás por la Cancillería de Perú. La cita es en Cusco, capital imperial de los incas, a 3.400 metros sobre el nivel del mar.

Además de marcar esa casilla, sus eminencias debieron rellenar los datos personales requeridos en cualquier mostrador aduanero: nombre y apellido, Nº de pasaporte, fecha y lugar de nacimiento, nacionalidad, foto carné, identidad de su acompañante, fecha y hora de arribo, procedencia, fecha y hora de salida, destino, hotel en que parará. Y firma al pie. De los 14 formularios cursados, 4 terminaron revocados alegando obligaciones domésticas (el mexicano Vicente Fox y Lucio Gutiérrez, de Ecuador), caducidad política (nuestro Jorge Batlle), o quebranto de salud («Kirchner está muy cansado»), procediendo a cancelar sus reservas. El tachonado cielo cusqueño quedó así dispuesto para el mayor lucimiento de Lula y el Cholo, apodos oficiales de los presidentes de Brasil y Perú respectivamente, las dos estrellas principales de esta Cumbre continental, opacadas tan sólo por la figuración descollante de alguien que no forma parte del Club, el argentino Eduardo Duhalde.

«Toledo, integrador sudamericano» clama un gigantesco cartel a la entrada del aeropuerto local Velazco Astete, donde estarán arribando hoy las delegaciones nacionales. La bandera peruana se compone de tres franjas verticales, una blanca central y dos rojas laterales. Pero el inmenso cartel está pintado con los colores rojo y verde que identifican al partido oficialista Perú Posible, con cargo a promoción de imagen interna del presidente anfitrión. No es el único capítulo del rubro: numerosos documentos oficiales y comunicados de prensa consuman la inscripción de la criatura como oriunda del Perú. La criatura es la provisoriamente denominada Comunidad Sudamericana de Naciones, «esta iniciativa peruana»  insiste la Cancillería local de don Manuel Rodríguez Cuadros  «que nace enmarcada en una visión estratégica y moderna para la inserción de Perú en el mundo». Allende fronteras tirando al sur, sin embargo, la idea matriz se le atribuye a Duhalde, nativo de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires.

Sonia Breccia, en estrevista para 1410 AMLIBRE dos semanas atrás, le preguntó al hombre fuerte del PJ bonaerense: «Dígame, ¿cómo se le ocurrió a usted la Comunidad Sudamericana de Naciones?». Duhalde, también presidente de la Comisión de Representantes Permanentes del Mercosur, ni amagó desentenderse de tamaña atribución, sólo aclaró que «la idea no fue de golpe». Lo cierto es que en las élites informadas de Argentina y Uruguay  segmento minoritario de la población  todos los medios infundieron que la CSN es una invención de Duhalde. De hecho fue suyo el anuncio original el 28 de octubre pasado, después de una gira por capitales sudamericanas para recabar apoyo de los mandatarios. Y ha sido por su boca, precisamente, que se conoce la versión local del significado y contenidos de «su» proyecto, «quizás el acontecimiento más importante de nuestra de vida», dijo, aludiendo no a la suya propia sino a la de todos sus contemporáneos, «aunque tal vez no se den cuenta», agregó.

Darse cuenta de algo, sobre todo cuando pretende tamaña magnitud histórica, no es cuestión irrelevante. Para empezar, además de Duhalde, ¿son conscientes de ello los protagonistas del acontecimiento? y ¿quiénes son éstos, además de la docena presidencial y sus séquitos, reunidos en el corazón de los Andes? La propia población de Cusco, cercana a los 300 mil habitantes, apenas entiende el ajetreo de estos días. «La gente no tiene conocimiento de por qué se habla de que nace esta semana en nuestro país una gran nación sudamericana», comentó un periodista al canciller peruano, situación que el ministro atribuyó a que «la diplomacia es un poco silenciosa, no cuenta con rubros para publicidad».

«Hacen tantas cumbres que ya ni se sabe para qué», reporta una agencia como resumen de la apatía local por boca del taxista Rolando, respecto de lo que sucederá ante sus ojos entre hoy y mañana: nada menos que «la refundación de América del Sur», «la concreción del sueño supremo de nuestros padres libertadores», como rezan las gacetillas oficiales. Claro que Rolando deberá conformarse con verlo de lejos, debido a la severa restricción al tránsito vehicular y peatonal en la zona donde sesionará el cónclave. A los 1.500 policías locales se han sumado 500 traídos de Lima, de los cuales 250 son de seguridad del Estado, 200 efectivos antimotín y 50 del Servicio de Inteligencia, en el marco del «Operativo Presidentes América del Sur 2004″. El viceministro del Interior Richard Díaz explicó que la presencia de los efectivos antimotín se debe a la posibilidad de que se presenten actos de disturbio, situación que pretende ser evitada «a como dé lugar».

Uno desde el Río de la Plata y el otro desde la altura andina, Duhalde y el canciller peruano han soplado concertadamente para dimensionar la magnitud del naciente bloque, al que le atribuyen «17 millones de kilómetros cuadrados, 361 millones de habitantes, exportaciones anuales por encima de los 180 mil millones de dólares, con gas y petróleo por 100 años más, y un Producto Bruto Interno superior a los 973 mil millones de dólares, monto largamente más importante que el de los Tigres Asiáticos». Tomá mate. Como que dos más dos son cuatro, el anhelo fundacional de los pueblos americanos estaba ahí, esperando que alguien se percatara: bastaba unir el CAN (Comunidad Andina de Naciones: Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela) y el Mercosur (Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay), así como estuvieran y listo. En esta oleada progresista que recorre América, todo lo que suene a más unidad parece mejor. La pregunta es: ¿y los pueblos, dónde están? No sea cosa que el mes que viene se firme en Bogotá la instauración del socialismo continental y en el Cerro y La Teja ni se enteren. *

 

(*) periodista

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