¿Qué dice Carlos Pilo?

«El Ministerio de Vivienda no ha cumplido con todo lo que nos prometió. No cumplió con el aporte de las 25 canastas que dijo que iba a dar, ni tampoco con los materiales para ampliar las viviendas», expresó Carlos Pilo. Aseguró que hace dos años y medio «que no se le paga a la Facultad de Química por los análisis de plombemia y hace un mes y medio que no se hace control de plombemia».

Carlos Pilo, vive en La Teja, y es el alma mater de todo el movimiento social que trabajó y sigue trabajando por el problema de la plombemia. Los vecinos del nuevo barrio creado en Sayago Oeste, resolvieron, el mismo día de su inauguración, bautizarlo con su nombre, en reconocimiento a su ímproba labor. Pilo, pese a que no vive en el barrio que lleva su nombre, está consustanciado con todo la problemática que viven «mis querido amigos».

«Yo creo que acá hay responsabilidades de todos», dijo a LA REPUBLICA. «A mi me duele en el corazón todo lo que está pasando. Me duele ver a los gurises, que los quiero en pila, tomando la leche en el piso, cuando hay en depósitos oficiales, bancos, sillas y mesas, que bien pudieran estar allá».

Pilo cuestionó el hecho de que el Ministerio no les hubiera entregado los materiales para la ampliación de las viviendas, que hubiera originado mano de obra propia, como contrapartida del pago de parte de las Unidades Reajustables. Defendió a sus «queridos amigos» porque «si viven así, hay que entenderlos, porque nunca tuvieron oportunidades de nada. Tuvieron problemas para estudiar y de aprendizaje. Se acordaron de ellos solamente cuando fueron a buscar votos. No todo es malo en ellos».

Los realojados de Rodolfo Rincón han vivido siempre de la recolección de diversos elementos existente en la calles, ferias y otros lugares. En el barrio actual no cuentan con la fuente de sustento necesaria. Se les impidió a quienes tenían carros llevarlos a su nuevo domicilio. Por eso es que no han dejado la vieja modalidad de hacerse de su sustento y diariamente se trasladan a Rodolfo Rincón, donde hacen el viejo recorrido al que estaban acostumbrados, para conseguirlo. «Yo conozco gente que se va caminando hasta Pocitos, porque gastar 15 pesos en el boleto, le significa quedarse sin el pan y la leche para los gurises», dijo Pilo.

El viejo luchador social, no ocultó su tristeza ante la situación que se vive en el barrio que lleva su nombre, pero dijo tener «esperanza en que la situación se revierta y todos puedan vivir con dignidad, como se lo merecen». *

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