Familias realojadas por el plomo, en estado crítico
La desmoralización ante las promesas incumplidas por el Mvotma ha propiciado también «la venta de viviendas. Esto no es porque ellos lo deseen, sino que la asfixiante situación económica no les ha dejado otro camino», se dijo a LA REPUBLICA. Como se recordará, un buen número de las familias procedentes de Rodolfo Rincón está afectado de plombemia, lo que llevó a que las autoridades del Ministerio de Vivienda, con el apoyo de la IMM, decidieran trasladarlas hacia la zona de Sayago Oeste, como forma de atemperar el impacto del plomo en su organismo y de alejarlas de su fuente contaminante.
Las familias realojadas, que en total fueron 92, la mayoría procedentes de Rodolfo Rincón, a las que se le sumaron de otros barrios, viven una situación comprometida desde el punto de vista social y fundamentalmente económico, que les impiden desarrollar «una vida decorosa como nosotros habíamos pensado», dijo a LA REPUBLICA la presidenta del barrio «Carlos Pilo», Nahír Larrosa.
Según Larrosa, «nos pintaron una cosa y ahora resultó ser otra. Para vivir así hubiera sido mejor para algunos que los dejaran en donde estaban».
A todo esto, y para colmo de males, la ONG Cardinj, que fue seleccionada tras licitación por parte de un tribunal integrado por el MSP, la IMM y el Mvotma, para trabajar con los vecinos con un equipo interdisciplinario, dejó de actuar, por lo que quedaron «huérfanos» de apoyo. El alejamiento fue debido a que tras tres meses de desarrollar su tarea, el contrato establecido aún no ha sido aprobado por el Ministerio de Economía. La directora de la ONG, Silvana Cavallieri, señaló que «para anticipar el trabajo aceptamos hacerlo durante tres meses. Aún no se ha podido firmar el convenio. Y en vista de que los trámites no han salido es imposible continuar sin el convenio. La ONG no puede hacerse cargo ni logísticamente ni económicamente de la tarea. Por todo ello es que comunicamos al Ministerio que hemos suspendido el trabajo hasta firmar el acuerdo».
Según Cavallieri, Cardinj debía hacer un trabajo de campo con un equipo interdisciplinario, integrado por arquitecto, asistente social, analista de marketing y licenciado en Enfermería, entre otros profesionales. «El objetivo que se buscaba y que continúa pendiente, es que ese grupo de vecinos lograra su organización y adaptación al nuevo barrio, y procurarles una mejor calidad de vida. Lo nuestro era participar y asesorar en todas las propuestas que generaran los vecinos a nivel vivienda y ver cómo poder en el mediano plazo, ampliarlas. Se estaba en una etapa de conocimiento y relevamiento para conocer las necesidades de los vecinos y hacer las coordinaciones con los sistemas de redes, fortalecerlas y hacer participar a los realojados en la nueva zona».
Por su parte, el secretario del Centro Comunal Zonal 13, Washington González, en cuya jurisdicción está el barrio «Carlos Pilo», señaló su preocupación por la situación. Catalogó el realojo de estas 56 familias como «extremadamente delicado y compulsivo. No hubo un trabajo de prerrealojo, y tampoco se hizo ningún trabajo de inserción social y de integración con los propios vecinos que fueron desarraigados de Rodolfo Rincón. Para nosotros la situación en que están viviendo estas familias es realmente preocupante».
«Una situación gravísima»
De acuerdo a lo informado por la asistente social de Cardinj, encargada de trabajar directamente con las familias realojadas, María Inés Cáceres, el proyecto «suponía un proceso previo de trabajo con la gente, tratando de elaborar junto con los vecinos una propuesta de integración de la mejor manera a la zona, reacomodar los tiempos y actividades en el barrio. No conocíamos a la gente. A través de un censo y de entrevistas profundas en todas las áreas, tratamos de recoger, no solamente datos, sino opinión, en lo que hacía a la educación, vivienda, organización barrial, laboral, para registrar la situación y las formas de salir adelante. Estando en esa etapa de diagnóstico, pese a los problemas que estaba provocando la situación de duelo por el fuerte impacto que les significó el cambio que habían sufrido, rescataban como lo más lindo del nuevo barrio, la vivienda».
«El barrio Carlos Pilo está con muchas ganas de salir de la informalidad y pasar a la formalidad. El cambio les significó un potencial y brutal destrozo a nivel laboral, como el desarraigo de redes establecidas, e incluso los realojados del asentamiento 19 de Abril, próximo al Carlos Pilo, que tenían su comercio, perdieron un considerable número de clientes».
Cáceres indicó a LA REPUBLICA que otro tema preocupante fue la deserción escolar. «Hubo frustración de los niños por la no integración a las escuelas del nuevo barrio. En ese sentido habíamos recogido inquietud de algunos vecinos, de resolverles el problema que les estaba costando mucho. Se planteó la posibilidad de organizar algo en torno a la infancia. Una de las cosas fue apoyarlos para la integración escolar, en los deberes, en tener un espacio donde integrarse, donde recrearse. Lo que pude ver es que la gente tiene una situación económica difícil, la situación es gravísima en este aspecto. Y para complementar la alimentación se les hace cuesta arriba. De todas maneras esperaban ese cambio con entusiasmo. Pero se fueron suscitando algunas cosas, que hicieron que ese entusiamo se transformara en problema. Es triste ver gente que tiene ganas de salir adelante y la situación no les deja dar ese paso que quieren dar».
Policlínica, escuela y facturas
María Inés Cáceres dijo no entender por qué los controles sobre plombemia se hacen solamente a los niños, y no también a los adultos. Relató el caso de una señora que tenía problemas en los pies, «se le hinchaban y terminaron abriéndose heridas en los mismos, por lo que fue tratada por problemas de plomo en la sangre».
En el proyecto del nuevo barrio estaba el funcionamiento de una policlínica que sirviera para control de los pacientes con plombemia y de atención a los vecinos. Pero esa policlínica recién está por iniciar su función, ya que gracias a gestiones realizadas ante la IMM, se logró el compromiso de que la comuna aporte el equipamiento para la policlínica, que funcionará en una habitación de una de las viviendas del barrio.
Son varios los problemas que enfrentan las familias que viven en este barrio.
Muchos niños quedaron por fuera del sistema escolar, ya que la mudanza se hizo a mitad del año, por lo que las escuelas de la zona no pudieron matricularlos, y se hizo prácticamente imposible enviarlos a sus antiguos centros escolares, debido a la lejanía. A los estudiantes se les debió duplicar la boletera para que pudieran concurrir al liceo que venían concurriendo al momento del realojo. En algunos casos optaron por dejar los estudios.
La falta de iniciativa, tanto para los niños como para los jóvenes, es una gran carencia. En los últimos días, un equipo de scouts del Complejo de Millán y Lecocq comenzó a trabajar con los niños en actividades recreativas.
Otro gran problema que enfrentan las familias es el pago de las facturas. En la pasada semana, OSE les otorgó una tarifa especial, cobrándoles la suma de $ 50 por mes.
A todo esto, LA REPUBLICA consultó al Ministerio de Vivienda sobre cuál ha sido la razón por la que ese organismo no ha hecho efectivo el depósito convenido con la ONG Cardinj. Elba Dacosta, asistente social del programa postobra, indicó que el contrato previo originó alguna observación de parte del Ministerio de Economía. Por eso se debió ajustar el contrato y justificar los gastos en un posterior expediente, el cual hasta el momento con
tinúa en la órbita del MEF. *
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