"Casimiro Parola"
Fue la época en que Racciatti estrenó el tango «No te vayas mascarita», con las voces de Nina Miranda y Roberto Lister cantando a dúo. Los pícaros versos de esa letra de Carmelo Imperio deleitaban a los montevideanos de aquellos primeros años de la década del 50. En esos días de la fonoplatea, cada actuación del gran Tano tenía su punto culminante en aquel tangazo. La radiotelefonía vivía su época dorada. Aparecían figuras populares que conmovían a los «escuchas». Roberto Barry y Diana Vidal hacían un programa llamado «El Mariachi» y todavía faltaba un tiempo para que llegara el mítico «Comisario de Cerro Mocho». Todavía vivíamos la alegría de Maracaná y por todos los puntos de la perillita del dial surgían artistas y personajes llamados a ser leyendas de la Vieja Capital. La brillante folclorista Amalia de la Vega brillaba en la fonoplatea de Carve. Apareció la llamada Radio Solís, donde la locutora Mirta Acevedo realizaba una síntesis de los argumentos de todas las películas famosas.
El maestro Wimpi con sus crónicas de costumbre llegaba muy adentro del cuore del pueblo. Y en esos días apareció un personaje que hoy la terca memoria quiere iluminar en este torrente de garabateados recuerdos. Se llamó Casimiro Parola, «el hombre que todo lo arregla con una palabra sola», como decían al presentarlo en la CX 16. Fue una interpretación del gran actor Julio Puentes que tenía los libretos de Mario Rivero. Ese personaje encerraba en su vivaracha locuacidad una finísima crítica a los sabelotodos que apabullaban al humilde Juan Pueblo.
Casimiro era una sátira a los políticos doctores de la ley, soberbios empedernidos, y a los intelectuales que pretendían abarcar todos los conocimientos. El personaje en la voz de Julio Puentes «parlaba» como una máquina, a ningún tema le hacía asco y para todo tenía una solución. Los oyentes se desternillaban de risa cuando con su falsa modestia decía que el técnico de la selección Juancito López y su capitán Obdulio Varela siempre le pedían consejos. Una vez, dedicó toda la audición a contar cómo le enseño los secretos del teatro a Margarita Xirgú que, según sus palabras, siempre le agradeció su sapiencia. Al llegar el Carnaval, Casimiro Parola opinaba sobre murgas, comparsas y troupes que no cesaban de preguntarle «cómo hacer para ganar el primer premio del concurso de agrupaciones». Con gran chisporroteo verbal y muy suelto de cuerpo se proclamaba como el inventor de los semáforos que recién estaban llegando a la capital. También afirmaba el poder instalar un sistema de trenes subterráneos sin hacer excavaciones.
Fue toda una estampa del ayer montevideano que a su pintoresca manera satirizó a todo el mundo e hizo de la crítica inteligente y mordaz su mejor arma para despertar sonrisas en su numerosa audiencia radial. «Â¡Sos como Casimiro Parola!», muy pronto se popularizó en las barras esquineras cuando alguno quería engrupirnos a puro verso y floreadas palabras. Con más recuerdos y música los esperamos los sábados a las 19.00 en la 1410 AM LIBRE. *
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